Valentín Díaz. Poemas

ESTIRPE  HUIDA

                                                          A Miguel Ángel Molinero

¿Dónde hallarían los hippies, ahora, el agua primordial?

¿Sobre que colinas alzarían sus voces los profetas del amor?

¿Cómo avivarían las llamas de su frágil hermandad?

El brillo chispeante de las fogatas

es una estrella fugaz

en el ceniciento reino de las luces de neón.

Los que conocen el precio de su deber

huyen con los pies desnudos

en un río de cristales rotos.

Extraños mutantes airean las viejas banderas

de las tribus primitivas.

Un hedor caliente los convoca.

Pagan los diezmos del crimen

y entonan cínicas plegarias.

Ofrecen sus cuerpos en el altar de la impostura.

Carne que se oferta

en el mercado de renta variable.

Su destino escondido en un impulso digital.

Una estirpe huida guarda su palabra sagrada,

un latido de código abierto

para viajantes desarmados.

El estiércol se filtra en los veneros de la razón

 

 

SUEÑOS  AJENOS

I

Eres hijo de un sueño ajeno

perdido bajo un océano de hielo.

Pienso en mi cuando te escribo

frases que el agua disuelve

apenas esbozadas.

Entiéndeme: han pasado mil sueños

desde que vi a un hombre suplicar la nada.

También el dolor empapaba el alma del poeta

que deambulaba moribundo por Vía Lamarmora

aspirando volutas de asco y desamparo

II

No lo sabíamos entonces, 

en los días llenos de la urgencia de vivir.

Era simpático disfrazarse de Bogart,

tomar un bourbon seco,

subir emocionados en el cine-cohete

y desafiar los tiempos venideros.

La vida no era un juego perdido de antemano

III

Con tu voz, ahora llega la voz de aquel marino,

su bondad hundida

y esa luz que baja desde La Rhune

haciendo verde la hermosa armonía del tiempo inocente.

Hay travesías más largas que la razón.

 

FIN  DE  VIAJE

Ognuno sta solo sul cuor della terra

traffito da un raggio di sole;

ed è súbito sera

(S. Quasimodo)

I

He buscado la emoción en la muralla de las tardes incendiadas

cuando la soledad no era más que un  presagio,

una herida en el corazón adolescente.

He gozado intensamente mi fortuna y he agostado

discursos,  penitencias, afanes, vanidades.

La pasión oculta en cada esquina del ignoto laberinto

No he querido huir de mi conciencia

de sus atrevimientos y perezas.

No es asunto menor el dolor de la renuncia

Una gota de sangre se desliza

por el tiempo marrón de las fotografías.

Mi libertad es ahora mi silencio

II

El alma es una sombra de cenizas

que vuelan en la noche hacia el desierto

soñando que dibujan un verso imaginario,

un símbolo disuelto por el viento

entre dunas de arena sin memoria

Porque somos tiempo y azar

Se acerca invisible el final de la aventura

Lo que pudo ser ya fue

 

RETRATO  EN  EL  ESPEJO

He jugado a vivir en un espejo

arañando el azogue contra el tiempo,

escarbando laberintos de memorias,

abriéndome los poros con uñas de acero.

Bajé por galerías de luz agonizante

dibujando fantasmas arbitrarios.

Me asomé, ensimismado, a un precipicio.

Descendí hasta el último peldaño

y encontré por fin, allí, mi fiel retrato,

tres calles más abajo del infierno

Facebooktwitterby feather