«Taller K» de Cornvcopia con José Ignacio Díaz Pardo

El pasado mes de noviembre tuvimos la ocasión de charlar con José Ignacio Díaz Pardo dentro del espacio del Taller K de Cornvcopia, presentado por Juan Ceyles y José de la Calle.

José Ignacio Díaz Pardo (arquitecto, pintor y doctor en Teoría del arte), quien fue en su día presidente de la Fundación Generación del 27 y miembro de la comisión de cultura del colegio de arquitectos de Málaga y de Andalucía Oriental. Invitado a la primera PosTertulia, donde habló de la relación entre Cuadro-ventana, muro, ciberespacio”, en esta ocasión ha venido a compartir sus ideas acerca de El logos del espacio arquitectónico, es decir, sobre cómo, a través de la arquitectura puede llegar a conocerse un ente tan complejo como es el espacio.

1.El marco teórico

Según Díaz Pardo, el grado máximo que podemos alcanzar en los procesos de intelección es el del conocimiento consciente. Y el método que tiene el ser humano para comprender aquellos fenómenos externos a sí mismo es el empleo del logos.

Para dilucidar este proceso, Blumenberg, un gran especialista en los mitos, empleó los términos mito y logos. Para él, mediante la palabra (logos) se elabora una narración (mito) que explica un hecho. Una propuesta que, afirma Díaz Pardo, se adelantaba en mucho a un descubrimiento reciente: en el cerebro humano, primero se registran (a través de los sentidos) unos hechos y luego se establece una relación entre ellos gracias a las distintas áreas involucradas. Sin embargo, avisa Díaz Pardo, el concepto de logos que manejamos habitualmente, relacionado con un modelo lingüístico, no es válido para todos los contextos.

Dejando a un lado los puntos de vista de Frazer y Blumenberg, el invitado propone una definición personal de mito, que vendría a ser la siguiente: una configuración nueva de la representación de una acción precomprendida con el fin de resolver los conflictos planteados en la relación entre el yo y lo otro. La unión del yo y lo otro sería aquello que nosotros conocemos como mundo. Esto hace (nos matiza) que el logos del que va a hablar no sea el lingüístico, sino una estructura operativa similar pero con características propias.

El empleo del mito y el logos como medio de conocimiento se da normalmente en épocas de transición desde una edad oscura de la cultura a otra que no lo es. Sucedió, por ejemplo, según dice, con el mundo clásico griego y el Renacimiento. Los renacentistas conocían en parte el mundo clásico pero no lo entendían en su totalidad de modo que intentaron reconstruirlo, es decir, representarlo con objeto de comprender su esencia.

A continuación, dirige su mirada a la arquitectura y a la representación que del espacio se hace en ella. Representación, señala, consiste en volver a presentar, volver a hacer presente, dotar de presencia a algo que está ausente

Después de perfilar el contexto cultural con unas rápidas pinceladas sobre distintas artes que delatan sus conocimientos, vuelve a centrar su atención en la arquitectura.

Muestra unas obras realizadas por Ghiberti y Brunelleschi en torno a 1403 para las puertas del baptisterio de San Juan en Florencia y comenta que el concurso lo ganó finalmente Ghiberti, cuya obra tenía para el jurado una mayor correspondencia con el canon clásico griego. Sin embargo, aclara que el paso del tiempo reveló que en realidad había sido su competidor el que mejor había sabido captar el espíritu de la época.

Concurso de las puertas del Batisterio con las propuestas de Ghiberti y Brunelleschi
  1. La aplicación práctica

A partir de este momento, Díaz Pardo se centra en analizar la obra de Brunelleschi.

En 1413, el italiano presenta dos pequeños cuadros, conocidos como las tablillas, donde representó con verosimilitud el baptisterio de San Juan de Florencia y la plaza del Palacio de la señoría de esa misma ciudad. No se conservan pero Manetti, su biógrafo, las describe con detalle. Allí se nos dan dos claves: las normas del plano del cuadro y el punto de fuga y se proponen unas normas de perspectiva bastante más complejas que aquellas que más tarde propondrá Leone Baptista Alberti.

Tavoletta del Batisterio visto desde Santa María dei Fiori

Según nos hace ver, en la propuesta de Bunelleschi de 1403 para el concurso de las puertas del baptisterio, la obra del italiano todavía presente formas medievales (algunas reminiscencias de tipo gótico en los pliegues, vestimentas, posturas, etc.) pero hay también ciertos detalles que nos demuestra que, ya en esa época se interesaba por el plano del cuadro como lugar donde debía existir la representación. Dicho interés puede apreciarse, por ejemplo, en la figura del siervo agachado en el ángulo inferior derecho. Esta distinción entre plano del cuadro y representación es algo que se perderá con el tiempo y, en opinión de Díaz Pardo, sería una catástrofe para la pintura y la arquitectura.

Brunelleschi consideró que el espacio intuido antes de la representación es la esencia de la arquitectura. Como empezó la mayoría de sus obras tarde, al morir las dejó sin terminar. Además, no dejó nada por escrito. Sin embargo, de su obra (a cuya evolución le dedica Díaz Pardo un amplio repaso) se deduce que ha encontrado un logos adecuado para poder desentrañar el espacio arquitectónico romano clásico. El problema es que, cuando está llegando al final de su vida, aparece otro arquitecto, Alberti, que interpreta al pie de la letra su propuesta y ofrece en De re aedificatoria un lenguaje arquitectónico válido universalmente, tanto en la forma como en los conceptos para la arquitectura.

 

Algunos de los sintagmas arquitectónicos albertianos para la construcción de un lenguaje arquitectónico universal en el tiempo y la geografía

 

En relación a la pintura, simplifica la idea original de la costruzione legittima y elabora unas reglas prácticas con el método abreviado. Como consecuencia de lo anterior, surge en pintura la idea del cuadro. Alberti dice que representar algo es como verlo a través de la ventana y esta limitación hace que la pintura (salvo para Boticelli), se paralice hasta el conflicto de la perspectiva que se da en la Francia del s. XVIII y que llevará, a través de Manet y los preimpresionistas, al desmantelamiento de las ideas de Brunelleschi, con la aparición del cubismo y todas las vanguardias.

En arquitectura sucedió lo mismo: hasta que no surge el movimiento moderno, lo que se utilizaban eran recetas con más o menos fortuna.

Al terminar, como siempre, el público pudo plantear sus dudas, muy variadas. Desde la notación musical hasta el ritmo de la arquitectura. E incluso hubo oportunidad de cerrar el evento con un cuento de los bosquimanos: El elefante de la lluvia. Si no lo conocen, búsquenlo, porque vale la pena.

Autor de la reseña: Adrián González da Costa

A continuación puedes ver el vídeo completo del encuentro:

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