Bajo los cielos gigantes de Bucarest, de Javier La Beira

7,00 16,00 

Descripción

Quien se dispone a viajar activado por el impulso de observar lo desconocido, vivir una experiencia nueva y satisfacer el ansia natural de conocimiento sabe muy bien que el viaje ha de ser antes vivido y documentado, y que en ese acto anticipado de vivencia y preparación se despliega una posibilidad de disfrute que posteriormente servirá de término de referencia respecto a la realidad, de donde surgirá la inevitable evaluación final del proceso. Lo que desea el buen viajero es que la realidad no quede nunca frustrada por lo soñado, aunque sabemos que a veces suele ocurrir, porque también depende de la medida de nuestros sueños. El viajero avisado sabe a su vez distinguir que, en ese momento previo de la documentación, vivencia muchas veces más feliz que la propia experiencia de la realidad, existen diferentes vías de penetración en el objeto de nuestros desvelos; está aquella que nos lleva directamente al objeto transmitiendo datos objetivos en un despliegue mejor o peor ordenado, y otra que aporta puntos de vista particulares, maneras originales de mirar y una apreciación diferente de lo observado. La primera vía de acceso es lo que nos aportan las guías convencionales de viajes, siempre necesarias si son de calidad contrastada; la segunda prioriza la visión personal y aporta el estado de ánimo que hace única la estancia allí. Es precisamente esto lo que diferencia al libro de viajes, que es una manera más de creación.

Por esos derroteros se aventura Bajo los cielos gigantes de Bucarest, de Javier La Beira, que ya nos había dejado en Múnich resplandecía (Málaga, Frato Editoral, 2020) un ejemplo de esa visión personal de una ciudad, lo que significa también de una forma de vivir, de una cultura y una historia. Así lo reconoce el propio autor apelando a la palabra de Samuel Johnson: «Lo que más importa recoger por escrito es su estado de ánimo…». Y, desde luego, proyectar la visión hacia afuera, a lo general, sin olvidar el instante concreto e irrepetible que se está viviendo, la única victoria posible sobre la tiranía del tiempo. A lo que debe aspirar, conscientemente o no, quien escribe.

Andrés Martínez Oria

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