Álex Jiménez Cid: «Cuatro gazales de Amir Josró»

Cuatro gazales de Amir Josró
Por Álex Jiménez Cid
Publicado en la Revista ETC nº 19

Amir Josró Dehlaví (1253-1325) descuella como el autor literario más influyente del sultanato medieval de Delhi. En una época tumultuosa en que los representantes del poder espiritual y temporal estaban en constante conflicto, Josró fue capaz de conciliar su actividad en la corte, donde gozaba del favor de los sultanes, con su presencia en el círculo sufí de Nezamaddín, sheij de la orden cheshtí, de quien se hizo ferviente discípulo. Amir Josró escribió principalmente en persa, a la sazón la lengua culta usada en el entorno cortesano. En sus poemas más extensos, siguió de cerca el sofisticado estilo de Nezamí, y escribió además un vastísimo corpus de poemas breves en los que se mestizan magistralmente las tradiciones literarias persa e india. Los centenares de gazales que se le atribuyen, partícipes del imaginario de la mística sufí, son los que   se lograron abrirse un hueco en la tradición devocional islámica de la India y más allá, pasando a formar parte hasta nuestros días del repertorio del qawwalí.

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Aziz Tazi: Selección de poemas

Selección de poemas
De Aziz Tazi
Publicada en la Revista ETC nº 20

 

 

Todos los sueños  

Sueño con un país claro y límpido,
donde respirar no cueste tanto,
respetar las señales de tráfico anuncie una era nueva
y conversar sin alzar las manos repudie por fin la desidia.
Donde la gente se siente frente a frente,
no mire al asfalto
ni se anegue en su silencio,
y distienda el ceño.
Sueño con que nuestros ancianos huelan a azahar,
tengan la mañana  plácida, el crepúsculo en compañía.
Mi preciado sueño lo pueblan mujeres sin miedo,
de túnicas de seda y albedrío sereno.
Mi sueño anhela una juventud sin trabas,
libre de tiranas tutelas, cósmica.
Sueño, sí, con un país de niños y niñas de tersa tez
y resplandeciente cabellera,
niñas y niños cuyos sueños irisen mares de colores,
bellas estampas, montañas de dulces para TODOS
LOS SUEÑOS.

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Pablo Bujalance: «Joyce/Becket: una teoría del todo»

Joyce/Becket: una teoría del todo
Por Pablo Bujalance
Publicado en la Revista ETC Cornvcopia nº 21

La posibilidad de revisar, todavía hoy, la obra de James Joyce desde el prisma ofrecido por Samuel Beckett, a la manera de un reverso estético, incluso de un espejo deforme que devolviera reflejos grotescos, reviste las connotaciones propias de un reto intelectual antinatura, como si en el mundo físico nos empeñáramos en mezclar el agua con el aceite o en favorecer la cópula de una jirafa y una sardina para comprobar la calidad del engendro resultante. Puestos ambos autores uno frente al otro, encontramos no sólo a dos escritores, sino a dos verdaderas tradiciones literarias contrarias, adversas, incompatibles, incluso situadas por obra y gracia de la historiografía de las ideas en épocas distintas: si bien es cierto que Joyce rehace a su gusto con Ulises el dogma realista que venía reinando desde el siglo XIX sin dejar de adscribirse al mismo, acaso con un ánimo más transformador que aniquilador, Beckett forma ya parte de aquella negación del fondo y la forma que abrió la puerta a la postmodernidad. Muy a pesar de la admiración mutua que se profesaron, Joyce y Beckett representan dos paradigmas opuestos, dos procedimientos irreconciliables a la hora de entender el ser literario.

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Chantal Maillard: Selección de textos

Selección de textos
De Chantal Maillard
Publicada en la Revista ETC nº 1

 

Tema I

En los bordes del sueño abre
los ojos. Sin abrirlos. Algo
despierta, la conciencia de una
continuidad. De otra continuidad.

Algo despierta y mira dentro (el
dentro de la superficie, que no es
un dentro sino un debajo, como
el forro de un abrigo), buscando algo
en lo que anclarse. Un tema, busca
un tema. Para no acabar. Para

sobrevivir.
¿Sobrevivir? Decidme, ¿quién o qué
sobrevive? –Volver al tema.
En el tema el mí se reconoce
porque alguna parte suya
es afectada y se conmueve.
Como cuando las lágrimas. Por la imagen.
Más que nada, a la mente le gustan las
imágenes. Con ellas, teje.
Y el tejido hace mundo o lo refuerza,
lo hace consistente.

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David Roas: «Trabajos Manuales»

Trabajos Manuales
Por David Roas
Publicado en la Revista ETC nº 2

Para Gilberto

La costumbre de robar santitos en casa de las vecinas empezó mucho más tarde, como una continuación lógica de su afición por la construcción de altares.

Pablito tenía unos cinco años cuando empezó a fabricarlos. Al principio, aquellos pequeños altares eran muy simples: un tosco trozo de madera más o menos regular (los encontraba en el descampado donde los vecinos se liberaban de sus trastos) cubierto por un tapete de ganchillo (su madre tenía cajones llenos de ellos, obra de su abuela) sobre el que había colocado una cruz también de madera y un par de figuras modeladas con plastelina. Los muertitos, decía el niño, con una traviesa sonrisa. Poco a poco los fue complicando añadiendo más figuras (combinaba las de plastelina con soldaditos, vaqueros e indios de plástico), velas, flores que arrancaba del destartalado jardín de su madre y dibujos en los que iban apareciendo las primeras palabras que aprendió a escribir (su nombre, el de mamá, los de sus hermanas…).

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Valentin Díaz: «Armonías Interiores en la obra de Miguel Ángel Molinero»

Armonías Interiores en la obra de Miguel Ángel Molinero
Por Valentín Díaz
Publicado en la Revista ETC nº 4

Recuerdo una conversación sobre Pavese, en la que Miguel Ángel Molinero subrayaba el hecho de que el gran escritor piamontés afirmara en El oficio de poeta su convicción de que había hecho la mejor poesía italiana de su tiempo.

Su comentario, sin otras explicaciones complementarias, me hizo pensar más tarde que su ambición (la de Molinero) era la misma que la del atormentado Pavese, es decir que un escritor, un poeta, debe aspirar a la excelencia y tener plena conciencia de la valía de su obra, y que la calidad literaria está directamente relacionada con la virtud de tener un estilo propio capaz de reflejar su propia época.

Esa ambición, posiblemente, no había terminado de concretarse en aquél momento, pero, sin duda, Molinero se sentía ya seguro de sus posibilidades. Había escrito su primer libro, Venir de lejos, finalista del Adonais, y pese a la decepción de no haber ganado el premio, la indiscutible calidad y la fuerza del estilo de sus primeros poemas se imponían por sí mismos, por encima de los gustos o intereses de los jurados. La propia editorial Rialp así lo debió entender y publicó el libro en la colección Adonais.

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Pablo Martín Sánchez: «Los flirteos hipertextuales de Georges Perec»

Los flirteos hipertextuales de Georges Perec
Por Pablo Martín Sánchez
Publicado en la Revista ETC nº 3

Como a estas alturas ya todo el mundo sabe quien es Georges Perec y quien más quien menos ha practicado el flirteo, voy a empezar explicando a qué me refiero cuando hablo de hipertextualidad. Y para ello nada mejor que empezar diciendo a qué no me refiero cuando hablo de hipertextualidad, igual que hizo Raymond Queneau para explicar qué era el Oulipo: dejar claro lo que no era. Pues bien: no voy a utilizar aquí el término de hipertextualidad en un sentido genettiano, es decir, como una de las cinco formas de transtextualidad definidas por Gérard Genette en su obra Palimpsestos, junto a la intertextualidad, la paratextualidad, la metatextualidad y la architextualidad, que serían los distintos tipos de relaciones, manifiestas o secretas, que puede establecer un texto con otros textos. No voy a detenerme en analizar detalladamente todo este conjunto de relaciones transtextuales, pero sí me parece pertinente explicar a grandes rasgos qué entiende Genette por hipertextualidad (aunque solo sea para dejar bien claro que no es a este tipo de hipertextualidad al que voy a referirme). El autor francés señala que “llamo, pues, hipertexto a todo texto derivado de un texto anterior por transformación simple (diremos en adelante transformación sin más) o por transformación indirecta, diremos imitación»”(1989: 17); la hipertextualidad sería así, para Genette, la relación que une un texto B (el hipertexto) con un texto A (el hipotexto), del cual deriva aquel imitándolo o transformándolo: el Ulises de Joyce o la Eneida de Virgilio, por poner un par de ejemplos canónicos, serían hipertextos de un mismo hipotexto (la Odisea homérica). Y, de hecho, Genette acaba reconociendo que, en el fondo, “no hay obra literaria que, en algún grado y según las lecturas, no evoque otra, y, en este sentido, todas las obras son hipertextuales” (1989: 19).

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Rosa Pereda: «La poesía ineludible»

La poesía ineludible
Por Rosa Pereda
Publicado en la Revista ETC nº 5

La poesía de Miguel Angel Molinero es ya una obra cerrada, de la que no puedo hablar sin emoción. Y prologar El sentido de la experiencia, su último libro de poemas, publicado póstumamente —no existen libros póstumos: es sólo su publicación, siempre azarosa, y que nada tiene qué ver con la escritura, ésa sí, ésa obligatoria e ineludible— prologarlo, digo, fue para mí, además de un orgullo, un auténtico reto. Estaba ante un libro importantísimo. Lo sabía incluso antes de tenerlo en mis manos, lo había sabido en sus largos años de gestación y escritura, aunque como Miguel Angel evitaba hablar de sí mismo y de su literatura, eran sólo pocos pequeños apuntes entre amigos y escritores. Importantísimo: Y no sólo porque su autor fuera un amigo muy querido, un hermano, que había muerto. Es que el libro impuso su muy especial categoría por encima de las vallas, de las dificultades, de la magnífica dificultad de su lectura.

No es un libro al uso El sentido de la experiencia. No es una poesía al uso la de Miguel Angel Molinero. Lo que ahí pasa se pone en el terreno de lo incurable, si se prefiere lo inmarcesible, que es el sitio verdadero de la poesía. Releerlo ahora me devuelve las perplejidades y las seguridades de las primeras lecturas: se trata de una poesía muy personal y poco —nada— frecuente en España. Hay una sombra nórdica, centroeuropea, la de la autocontemplación del conocimiento, incluidos sus límites, que Molinero coloca, sin contemplaciones, en el centro mismo de su quehacer poético. Más: en todo su quehacer literario.

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