Julio Neira

A principios de noviembre, casi coincidiendo con su 88 cumpleaños, se ha presentado un nuevo libro de José Manuel Caballero Bonald, Anatomía poética, cuyos textos dialogan en pie de igualdad con dibujos del pintor José Luis Fajardo. Ni los textos describen las imágenes, ni estas los ilustran, pero cada grupo expresa una temática común: la realidad social y sus esperpénticos protagonistas, cumpliendo el lema de Horacio: «ut pintura poesis».

Aunque no alcanza rango semejante al de sus poemarios recientes, no sería justo menospreciar Anatomía poética, porque sus semblanzas, siempre irónicas cuando no despiadadamente satíricas, presentan con precisión las características más genuinas de su universo creativo: la voluntad estilística transgresora y la conciencia crítica, que convierte  su literatura en un lucido alegato contra prescripciones y dogmas de toda índole, cuando no en un modelo de desacato cívico a los atropellos del poder.

Como en Laberinto de Fortuna Caballero Bonald aplica su vocación transgresora a las normas genéricas y nos presenta textos que parecen prosas pero en realidad son poemas. Ni prosas poéticas ni siquiera poemas en prosa, llana y sencillamente poemas, solo que transcritos sin cesura lineal. Los versos se enfilan uno tras otro y no se disponen en columnas, aunque no por eso dejan de ser versos y sus conjuntos poemas. Para evitar confusiones críticas denominémoslos «poemas como prosas», que me parece denominación más precisa que «poemas en prosa», pues esta da a entender que su naturaleza poética ha sido transmutada mediante prosificación.

Ya lo hizo Juan Ramón en Espacio. Y como allí son plenamente identificables los esquemas métricos de la silva libre impar.

La naturaleza poética de un texto no depende de su disposición gráfica, sino de las características profundas de su proceso creador, de que en él intervengan elementos como el ritmo métrico y los procedimientos retóricos, que transmutan el lenguaje hasta subordinar su función más pragmática a la obtención de unadimensión metalingüística en la que es el lenguaje mismo el que se convierte en materia del texto, y ya no se describe una realidad exterior, sino que se expresa una realidad propia que solo existe en el poema. Los textos de Anatomía poéticason buen ejemplo de ello.

También lo son de la naturaleza reactiva de la poesía de Caballero Bonald, que mantiene incólume su rechazo visceral a las martingalas institucionales y el detritus moral de sus representantes; a la hipocresía casi encostrada en sus hábitos de actuación, acrecentada en estos últimos tiempos con una convicción de impunidad que exaspera a la ciudadanía; al maquillaje democrático con que algunos se camuflaron en la transición, que no ha resistido la prueba del ejercicio del poder. Frente a todo ello la voz de Caballero Bonald vuelve a ser un rotundo puñetazo en el plexo solar de la sociedad, con la contundencia de sus convicciones y el dominio de un talento vitalísimo, que dotan al libro de valor e interés muy superiores al de un mero ejercicio literario de circunstancias.

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