Los prismas del mito. Juan Gaitán

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El texto de Alejandro Jiménez (Andrómeda y la mirada libertina) es ameno, claro, interesantísimo. Tiene de su parte, desde el principio, la fascinación que producen siempre los mitos, pero sabe llevar las riendas de su investigación por los canales de lo atractivo, de lo grato y, al mismo tiempo, de lo profundo. De su mano recorremos los distintos prismas de Andrómeda, que ha sido vista como 1) mujer que, aprisionada por las cadenas de su corto entendimiento y expuesta a los peligros de la impudicia (el monstruo), es rescatada y conducida a la virtud por el hombre; 2) la barbarie, representada por la princesa africana, es liberada de la ignorancia (el monstruo) por el héroe civilizador; 3) la doncella cautiva que simboliza la fe católica, salvada de la amenaza protestante (otra vez el monstruo) por un heroico Perseo; 4) Andrómeda es el alma, condenada por el pecado original de sus padres, y Perseo, vencedor del monstruo, es Jesucristo, que concede el perdón de los pecados y libera el alma de las garras de Satanás… Y así, quizás, hasta el infinito, hasta acabar siendo el basamento de la más moderna subcultura erótico-pornográfica, el autor acaba embarcándonos en una reflexión sobre los mecanismos del deseo, la objetualización de los cuerpos, su erotización y su final empoderamiento.

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