La Fundación Pablo Iglesias

Marcial Mateos

Las Instituciones carecen de memoria. Nada más cierto. Quizás sea mejor afinar el concepto: Las personas al gobierno de las Instituciones carecen de memoria. Eso sí.

Así manejaba esos conceptos mientras deambulaba por los pasillos, casi claustrales, de la Sede de la Fundación Pablo Iglesias.

Su emplazamiento en Alcalá de Henares no puede ser más acorde con esta querida Fundación; incluso la misma calle : Calle de los Colegios, 7

Hace ya más de veinte años que no volvía a ella. ¿Pero por qué ahora?

Mientras me acerco al caserón con aire palaciego, que alberga la sede de Los Archivos del Movimiento Obrero, la senda flanqueada por cipreses, me lleva  a la evocación de un particular retorno a Brideshead.

En los años setenta, todos éramos jóvenes y también altivos, éramos esbeltos en nuestra convicción y en “la Pablo Iglesias” forjábamos un mundo lleno de posibilidades. En esos momentos convulsos, incluso poseídos por el miedo, por la acechanza de peligros ciertos y hoy inexplicables, derrotábamos la indiferencia. La Pablo Iglesias se convirtió en un espacio abierto, punto de encuentro, plataforma aséptica donde lidiar toda suerte de suspicacias ideológicas. El piso que entonces ocupaba en la calle Monte Esquinza era un reclamo abierto a la disensión, a la formulación y principalmente al acercamiento de posturas afines, basadas en la garantía de un pensamiento exento tanto de cualquier impostura, como de cualquier ánimo material.

El tándem que entonces formaban una pareja singular, Carmina Virgili (presidenta) y Fernando Claudín (director) eran en sí mismo todo un símbolo de lo que se pretendía. Incluso visto con los ojos superficiales de hoy, se diría que se respetó ya entonces el famoso principio de la proporcionalidad entre sexos.

Hoy ya nadie habla de Fernando. Su olvido forma ya parte de una amnesia instalada con la tozudez propia de la ignorancia. Pues si, Fernando era ante todo y fundamentalmente un hombre bueno. Marcaba su mirada un desencanto secular sólo combatido en el transfondo gris de una confianza extrema en todos los demás. Dejar hacer…dejarnos hacer.

Gentes de todo punto diversas, desde Aranguren, Laín Entralgo, Miralles, Caffarena…Asociaciones, ….Partidos de aquella inmensa sopa de letras de aquel entonces,…Todos cabían y Fernando era el paraguas que soportaba cualquier crítica oficialista que consideraba estas andanzas, de un grupo de insensatos, propiamente una insensatez. Todo hay que decirlo, el mismo “canalla” culpable de este encargo, era sin duda alguna quien, con su especial ánimo poético, debía soportar desde su posición en la Ejecutiva Federal (vocal de Cultura) toda una pléyade de suspicacias nacidas de un momento lleno de sospechas. ¡Pobre Rafael las veces que habrá oído tildarnos de troskistas, comunistas infiltrados, anarco-porreros, etc. Nunca, nunca puso objeción alguna, simplemente pedía un argumento, ¡algo! Que le permitiera lidiar esa tendencia suicida que conformaba nuestra actividad.

Hoy me veo ante la fachada de esta nueva Fundación y, antes de entrar, tomo conciencia -con esos recuerdos- de el de dónde venimos. El dónde vamos eso ya es harina de otro costal y mi opinión ni merece la pena, ni viene al caso. Más aún sólo podría preguntarme, para ser exactos, por el ¿dónde van? Quizás es porque ellos apenas ya resultan reconocibles. ¿Quiénes son esos tío/as? Hoy no tengo la menor idea.

Me viene así a la cabeza, una anécdota reciente con motivo de una conversación respecto de 40º Aniversario del Congreso de Suresnes (11 al 13 de Octubre de 1.974) que se celebra precisamente ahora. Un Secretario General de una importante Federación ante la mención de Rodolfo Llopis, preguntó que ¿quién era ese? Debo suponer que igualmente hubiera preguntado quién era Araquistain, Besteiro, Fernando de los Ríos, Bustelo, Gómez Llorente, Redondo, Obiols, Ballesteros, Guerra, González, ¡y tantos!…¿quién? ¿quién? ¿Quién? ….¿Quiénes?

De ese piso burgués en la calle Monte Esquinza, con todo ese aire clandestino y casi…casi iniciático de ese ayer tan próximo y tan alejado, hoy una puerta me espera, ahora en Alcalá de Henares, para internarme en un lugar por siempre amado. Más aún cargado de una respetabilidad a la que, un profano como yo, se entrega con admiración.

Me espera Lito. Le llamé hace unos días. Quería con él, saber; simplemente eso saber más de la Fundación para poder contarlo. Me sorprendió que al llamarle aún, después de veinticinco años, me recordara. Qué necedad, Lito lo recuerda todo. Es la memoria. Una memoria de treinta y seis años de hormiga discreta y empecinada en mantener un patrimonio intangible.

Él no lo sabe, pero siempre era motivo de chanza su porte profesional atildado con esa bata blanca. Era su expresa representación del respeto a todo lo que por sus manos circulaba: el testimonio de hombres y mujeres que han hecho ser aquello que somos,… o lo que deberíamos ser …incluso haber sido.

Lito es de esas personas que no tiene edad, tiene perseverancia y entrega, la conciencia de la necesidad por mantener la memoria. Es como esa especie de antropólogos conscientes de la desaparición de culturas olvidadas. Su empeño, su urgencia nace de saber un tiempo escaso, sabedores que la desaparición del rastro avanza y por ello la inexcusable necesidad de hacer acopio de toda información, relato, huella que sirva de guía a caminantes futuros. Lito no busca tesoros, es un sabio capaz de hilvanar las cuentas de la historia, cada abalorio, en un collar para mejor adorno de mentes inquietas. Lito no es la historia, ni lo pretende, es sencillamente la recopilación y documentación de una parte de la Historia y en esa sencillez florece en su personalidad.

Mi abuela siempre me decía que jamás debes ir a casa de nadie sin llevar un presente. Sin duda una costumbre rural, una muestra de gratitud anticipada de una hospitalidad que se da por garantizada.

Le entrego a Lito una cartera llena de los documentos de un antiguo socialista, un hombre que jamás conocí. Un relato de sus días en la guerra y en la vida interna de la UGT y el PSOE. Dos mil folios llenos de recortes y toda una suerte de diversos documentos de dan fe de hechos ocurridos y vividos en primera persona. Cómo y por qué fui recipiendario de tales documentos merece un relato o casi una novela.

No lo he dicho antes, al llegar pregunté por Lito. Nadie lo conoce. ¿Ahhh, no será Aurelio Martín? Quien eso me dice es una joven recepcionista a quien imagino que la familiaridad del diminutivo le debe parecer improcedente. Su amabilidad y mis canas deben producirle una suerte de condescendencia con la que se dispone a llevarme hasta él.

A él, me consta, volver a sentirse llamado así le conforta y ambos nos encontramos en un lugar, en esa complicidad que provoca eso que la gente suele llamar melancolía.

Tampoco he dicho, por dejarme llevar por emociones juveniles, que en ese caserón-palacio fruto de un acuerdo con la Universidad de Alcalá se albergan, junto a la Fundación Pablo Iglesias, las fundaciones Largo Caballero e Indalecio Prieto. El hecho de compartir emplazamiento convierte al lugar en, ciertamente, lo que su portada anuncia: ARCHIVOS DEL MOVIMIENTO OBRERO.

El conjunto de los tres archivos coincidentes en un mismo espacio permite al investigador, al aficionado, o al mero interesado (como yo) poder sumergirse en un mundo lleno de relatos, fuentes, documentos en el que la búsqueda de cualquiera de ellos te lleva necesariamente a  bucear, en profundidad, en todo un abanico que se despliega de posibilidades casi infinitas. Cada nota, documento, carta es como extraer de un cesto un racimo de cerezas, es inevitable tirar de otra y otra y otra más.

La disposición de una espaciosa sala de consultas con todos los medios, de uso conjunto para las tres Fundaciones, permite el deambular documental entre cada una de ellas, sin importar el origen y menos aún cualquier suerte de requisito debido a ese espíritu de acceso basado en el orden patrimonial. Se trata de divulgar, de dar a conocer, de abrirse a la sociedad.

Por eso la nueva etapa que se abrió bajo la tutela directiva de “Alfonzo”, me refiero a D. Alfonso Guerra, ha incidido fundamentalmente en el hecho de la generación de actividades externas. Circular en medio de la sociedad con un testimonio ameno y cultural de un hecho tan notable como el depósito vivo de una historia, la nuestra, la de todos. Desde la producción de documentales, la celebración de exposiciones y la edición propia de libros y recopilatorios se ha realizado un esfuerzo lejos del puro testimonialismo, un esfuerzo pedagógico y ejemplarizante. Cada documental, y exposición representa un ..”a la calle que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que pues vivimos anunciamos algo nuevo”. (Paco Ibáñez)

Ahora, retumban lejanos los ecos de esa canción y me doy cuenta de lo mayor que estoy. ¡Qué lástima!

Lito no puede ocultar su orgullo. Me muestra radiante estanterías repletas, anaqueles donde duermen palabras justas y honestas. Duermen la duermevela de una espera de un lector voraz y sobre todo capaz de hacerlas resonar nuevamente, aunque sea solamente en una cabeza atolondrada pero dotada de la ecuánime honradez con la fueron escritas. Me enseña los más de 300.000 negativos de fotografías de toda la Transición, la documentación de cientos de cartas entre personajes de nuestra historia desde finales del IXX, los más de 2.000 carteles de la época de la República y la guerra, toda la cartelería de las elecciones, de los Congresos, más de 1.700 negativos en cristal de principios de siglo testimonio gráfico de una España que ninguno conocimos, artículos y revistas desde principios del siglo XX. Una obra hercúlea realizada por un tan reducido número de personas.

Con especial cariño, me muestra una carta hermosa de D. Pablo Iglesias, la honrada sensatez de ese hombre se muestra hasta en los testimonios de amistad donde es capaz de mostrar su bonhomía.

Si cuando acudo a Casa Labra, aún me resulta conmovedora la placa que anuncia la fundación del Partido Socialista Obrero Español en su fachada tabernaria, no puedo dejar de ocultar lo que la muestra del Acta fundacional de la UGT de 1888 llega a representar cuando Lito me deja leerla en ese momento. ¡Hay que ver la fuerza de un folio! Desde aquello hasta hoy.

Por eso no es de extrañar que para otros un pesebre haya dando tanto de sí.

Churchill después de la célebre batalla de Inglaterra, respecto de los aviadores participantes que en ínfima relación numérica participaron en la defensa frente a la aviación germana, exclamó…”nunca tantos debieron tanto a tan pocos”.

Hoy, a los tan pocos que se hacen cargo de la catalogación, archivo, selección, etc. de todo ese ingente patrimonio que se atesora en la Fundación, los muchos conscientes de ese esfuerzo les debemos un enorme testimonio de gratitud.

Las IDEAS duermen en la Fundación Pablo Iglesias, no hay que ir a buscarlas en una expedición a descubrir el Mediterráneo y menos aún con un guía sin experiencia que aún no ha descubierto que la idea es fruto de la investigación, del trabajo y jamás de la ocurrencia. ¿Qué oscuros designios mueven a los hombres en el afán de generar cortijos? Nadie en su sano juicio dejaría sin el aliento de los recursos, de los medios más elementales al mejor epítome de su naturaleza, de su identidad,  para sufragar una mala caricatura del talento. Toda Institución, empresa, editorial, etc. se beneficia de lo que se denomina su “Libro de Estilo”. Ese libro de estilo se guarda en los muros de la Fundación Pablo Iglesias, es la muestra de un origen, de unas maneras de unos hombres dispuestos a sacrificarlo todo, movidos por un talento que genera un carácter propio y unas señas de identidad diferenciadoras.

El estilo propio es el que lleva a generar una cultura que reviste cualquier acto de autenticidad. No existe el talante, sin la condición previa de un estilo y un talento diferenciador.  Los atajos, como las carreteras radiales de pago a la postre resultan muy, muy caros y dejan sin recursos a las autopistas por las que viajamos la mayoría.

Gracias a todos los que habéis hecho y hacéis posible la Fundación Pablo Iglesias.

DOCUMENTALES

  • PABLO IGLESIAS 1850-1925 (Pasión por la Libertad)
  • EXILIO, El exilio Republicano Español (1939-1978)
  • MAS DE CIEN AÑOS (125 años de Historia del Socialismo en España)
  • JUAN NEGRÍN (Resistir es Vencer)
  • MIGUEL HERNÁNDEZ

 

EXPOSICIONES

  •  EL SOCIALISTA (1886-2011) Museo de Hª de Madrid.
  •  CIUDADANOS (El nacimiento de la Política en España 1808-1869) Museo de Cádiz y Centro Cultural Conde Duque.
  •  LOS RUSOS EN LA GUERRA DE ESPAÑA Centro C. Conde Duque.
  •  TIEMPO DE TRANSICIÓN 1975-1982. Círculo de Bellas Artes de Madrid, inaugurada por SS.MM. Los Reyes. Itinerante:  México , Paraguay, Alicante, Barcelona, Granada…
  •  CORRESPONSALES DE GUERRA EN ESPAÑA 1936-1939. Inaugurada en el  Instituto Cervantes de Madrid. Itinerante durante tres años en los Institutos Cervantes de Toulouse, Burdeos, Lyon, Roma, Nápoles, Milán, Cracovia, Belgrado….
  •  CARTELES DE LA GUERRA (1936-1939) Círculo de Bellas Artes. Itinerante por todo el Mundo.
  •  EL VOTO DE LAS MUJERES (1877-1978) Biblioteca Nacional, Madrid.
  •  EXILIO. Inaugurada por S.M.D. Juan Carlos I. Parque del Retiro de Madrid; más de 300.000 visitantes.
  •  JUAN NEGRÍN LÓPEZ, Médico y Jefe de Gobierno 1892-1956. Centro C. Conde Duque, Madrid.

 

PUBLICACIONES
Compuestas por un listado de más de 100 títulos. Consultar la página web de la Fundación:
www.fpabloiglesias.es
Se destacaría una obra de carácter especial como es el DICCIONARIO BIOGRÁFICO DEL SOCIALISMO ESPAÑOL. En la Actualidad lleva editados 2 Tomos; el primero correspondiente a los años 1879-1939 y —en preparación— los siguientes, de 1939 a 1975.

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