Mira cómo se mece

una y otra vez,

virgen de flor y rama

en el aire de ayer.




«Árbol de canción»

Federico García Lorca

«La Federica» es una idea original que surgió algunos años atrás de la infinita amistad entre Alberto Escabias Ampuero y Pedro J. Plaza González, probablemente mientras bebían una taza de té caliente en El Escondite de la Musa. Amistad que se extiende a todos los nietos, nietas, bisnietas y bisnietos poéticos de Federico García Lorca. «La Federica» no es solo una colección de poesía, sino que también es un hogar para futuras voces que respiran, como Lorca, una y otra vez el aire de ayer.

«La Federica» puede acoger la tradición, siempre que esta sea emulada con el afán de superarla, y puede acoger la modernidad, siempre que esta sea rechazada con objeto de reinventarla. «La Federica» busca esa poesía que cabe en el puño de la mano y que se aloja entre las paredes del corazón. «La Federica» aspira a descubrir todos aquellos hallazgos poéticos que todavía no han sido nombrados.

¿Y por qué? Porque en «La Federica» creemos que la poesía no es métrica, no es rima, no es ritmo; es una forma de ser y de estar en el mundo, una forma de verlo, de sentirlo.

«La Federica» nace de la unión inevitable del nombre propio del poeta de la Generación del 27 y de «La Barraca», grupo de teatro de carácter ambulante que el mismo escritor andaluz coordinaba y dirigía. De esta forma, también «La Federica» camina de plaza en plaza de la mano de sus autores y de sus autoras, de las voces de su tierra y de su mar hacia los posibles lectores de toda tierra y toda mar.

¿Y por qué? Porque en «La Federica» entendemos que la poesía —o la poesía que nosotros entendemos como poesía— no se escribe para alcanzar horizontes, sino para caminarlos.