Juan José Vázquez: «Supervivencia, prostitución y bohemia»

Supervivencia, prostitución y bohemia
Por Juan José Vázquez
Publicado en la Revista ETC nº 18

[Un café en su casa, en el barrio de Capuchinos] Málaga, 22-01-2016

Supervivencia. Greenwich Village, Nueva York. Década de los 30

La vida es un cúmulo de circunstancias entre las que hay que saber ver la oportunidad. Rebajes la vio en el sótano de un amigo, su primera residencia conyugal compartida con su esposa Pauline. Allí había unas herramientas viejas de fontanero, latas y cobre usado. Él poseía destreza y creatividad. En ese momento tenía absoluta libertad para hacer lo que le diera la gana, para comenzar a trabajar con sus manos. No había nada que perder.

Al día siguiente, según cuenta Rebajes en su Cuaderno Óvulo, se celebraba la primera muestra de arte al aire libre en Washington Square convocada por el Whitney Museum of American Art. Colocó una tabla de planchar, y allí exhibió una serie de pequeñas figuras de animales, de diseño sencillo. Vendió toda la colección, por 30 dólares, a Juliana T. Force, entonces directora del citado museo. Con ese dinero alquiló una especie de pasillo angosto que fue taller, tienda y habitación. Comenzó a tener éxito con sus diseños, a vender, y pudo progresar y alquilar mejores tiendas. En aquellos tiempos, en Greenwich Village se concentraba un gran número de joyeros y artesanos, además de galerías de arte. Ahí fue donde comenzó su carrera autodidacta. Y el material que apareció en su vida casualmente termina por convertirse en su atributo: Rebajes será el  pionero del uso de cobre en joyería.

Prostitución. Nueva York. Décadas de los 40 y los 50.

En 1941 abre una tienda en el 377 de la 5ª avenida de Nueva York, Rebajes Jewelry Shop. Continúa haciendo lo que le dio dinero inicialmente, no hay un salto creativo, sólo técnico. Es el maestro del cobre, ahora esmaltado y tratado con pátina. Lo mismo recurría al arte moderno para sus diseños, como Picasso y el cubismo, que a referentes africanos, del cine, antigüedades. Era una época en la que los joyeros modernistas tomaban referencias de las artes plásticas, a veces copiándose entre ellos. Sam Kramer, Renoir, Art Smith, Paul Lobel, Bill Tender, Jules Brenner,…

En los años 30 había surgido una tendencia que elevaba la joyería a la consideración de arte. Wearable Art, Arte Usable, un movimiento que invitó a muchos artistas a realizar joyas, a la par que lo joyeros realizaban su trabajo como artistas diseñadores. Pequeñas obras de arte para usar o exponer, su valor residía por lo tanto en el diseño y la firma. Rebajes llegó a exponer algunas
de sus piezas en 1937, en el Museo de Brooklyn y en el Metropolitan Museum of Art´s Silver de Nueva York, y en la exposición internacional de Arts et des Techniques en París en 1939.

Frank se sumó al concepto wereable art (se le considera uno de sus fundadores), pero apuesta, como él decía, por “un buen diseño disponible para todos”. Sus piezas poseen el valor del diseño exclusivo de Rebajes y la cualidad de ser para todos. Para lograrlo, masifica la producción. Un equipo de casi un centenar de trabajadores producía artesanalmente las piezas, lo que permitía que su arte pudiera venderse a unos precios al alcance del gran público. Dicen que lo que vendía en su tienda nunca costaba más de diez dólares. Suministró joyas a tiendas por todo el territorio de Estados Unidos, y abrió una sucursal en Los Ángeles y otra en Chicago. Digamos que se prostituye. Producir dinero para salir definitivamente de la supervivencia y alcanzar el superávit.

Junto a los empleados, Pauline atendía la tienda y Frank trabajaba en el taller. Diseñaba también bandejas, ceniceros, cinturones, ornamentación, y patenta ideas, le obsesiona el tema de las patentes. En su casa de Long Island tenía un sótano donde se perdía investigando las posibilidades de la joyería. Un día, decidió vender todo a su socio Otto Bade. Y puso fi n a una etapa de su vida, la conquista del sueño americano.

Bohemia. Torremolinos. A partir de los 60.

Consecuencia lógica del cambio de vida, fue el cambio de su concepto de joyería. Viene escarmentado y viene a disfrutar, tiene para vivir con lo que ha vendido. Es una etapa en la que ya sabe lo que quiere, crea a su antojo. Por eso la joyería le acaba despertando el interés por la escultura.

Ahora sus joyas están hechas a mano, son piezas únicas. Trabaja la piedra, que engarza en plata. La piedra es un material barato. Coral, amatista, ónix, madre perla,… ahora son más caros, pero antes apenas se pagaban. Rebajes nunca priorizó el uso de materiales preciosos; la piedra es bonita sin ser preciosa. También recicla material, como piedras de la playa, camafeos, monedas.  Pulir se le da bien, pero sobre todo es un maestro en los engarces. Son pequeñas esculturas. Y siempre está presente la S y el infinito; los engarces son curvas continuas, metamorfosis de la cinta de Möbius, que también aparece en su sello, y será la búsqueda que materializa en su obra plástica a partir de los 70.

Sus joyas eran piezas caras. Sus clientes eran malagueños, sobre todo el mundo cultural y artístico, y también los personajes que rondaban entonces por Torremolinos, desde Massiel y Mariquilla a la princesa Alejandra de Kent o el Duque de Windsor, para quien diseñó unos gemelos. Tenía su tienda–taller, que también era casa, en el número 45 de la calle San Miguel: Rebaxes, joyería creativa.

Juan José Vázquez, coleccionista, especializado en la joyería de Rebajes.

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