Juan Ceyles Domínguez. Dos textos de EME.

Juan Ceyles Domínguez

Dos textos de
EME. Diario de un transformista

JUNG-LA SESSION

Conglomerado psicosocial en la emuluscación de (una) ínclita respuesta a la obsesiva intemperancia emocional INSTRUMENTA VERBA VENTUROSA SAGA

El eje-lanza vertical escapa, la coral gira y cierra contra-ritmo; fuga centrípeta espiral, la dimensión física (espacio-temporal) obliga a secuenciar, pero la intuición anímica propicia una capacidad reflexiva simultánea y exige una lectura percepción ‘levitante’ (suspendido el ánimo sin cuerpo); obliga a alargar la nota, a congelar la resonancia hasta que invade-alcanza la nota siguiente… y, ambas, continúan hacia la tercera… y así hasta saciar la lectura.

al trance convenido discutían increpando la tibieza de los candelabros: soberbias emanaciones férvidas eleusis y trozos descangilados del subconsciente

tensando su convexidad aquellos hipnotes intercambiaban la alevosía de sus instrumentos mientras sus gargantas fulguraban gloticantes hipidos de atroz significancia e intuyendo lejanas afinidades se proferían 

Mina Shäfer eunómica y desnuda sopranadadora nietzscheana nos estremece con su arte lingudinal (en nota marginal se advierte que la piscina está llena de esponjas epicúreas que mientras respiran se balancean fijodudosas) bajo este conmovedor ingrimento los celos achicharran la bossa lamiendo largamente los pistones de su Tsandbedt 

en un acceso de voluntad inconfesable Brai logra palpar esa fronda instintiva que se agita: solo quien deja caer su plomada y desciende sabrá que hizo el esfuerzo pero no por ello lo que encontró le pertenece 

cantaba Shäfer a la orquilla del coriodvano: fossa común manantial donde toda sonoridad revierte  

endiablado mas no por ello impetuoso Trobercús exhibe el desliz de una oruga yazztrada por su garganta 

en-valses propulentes continúan perforando la relurancia de los cuellos que anuncian un procaz desvanecimiento 

y hasta que la luz se abragó sobre sí misma

Splashing Bullok tiraba de una lírica convexa agitando sus inextricables amuletos ninguno cedía ni menguaba mientras ramelaban sus ojos y cruzaba y descruzaba sus barbas yancas y sus piernas

Musmona Hibris, marcadamente cautelosa, lo seguía retrocediendo oblicua con exquisitos berridos; las incisiones resultaban cruralmente arteras en sus muslos y en su empatrizada y crédita vericuencia

al fondo barritan protervos sin causalidad ni trato

previas y luengas en intenso epitelial caen derramadas por los algoritmos de sus entrepiernas 

Punge Zudd —calcada reencarnación de Nausimedonte— promete sempiternos acuyos aun conociendo la perentoriedad de la estricta burla

enjugados los íntimos agravios surge el belinche remando a compás hacia el amaragua (aquella zona del retablo donde se auspician reliquias de un quemado abstracto) la secuencia es registrada con minuciosidad sobre el cuaderno de Brai una sombra se le inclina subrepticia asciende luego al borde de su quinta mengua y cae desalamada incoando un inverosímil quevediano que en lejano anvís le musitara 

fuera las nubes burlaban las corrombras herméticas 

Margo Estravel dabliutaba soberbiamente rindiéndose a las distrábicas luces de su copa quebrándose por isósteles la muñeca

el coro se desvanecía transitando exánime por entre los bafles aceptando con placer las cuchilladas del acondicionador que dios les había concedido

con gorismos periagudos afrontaba en solitario sus impericias el vocalista uruguayo que —mirum asombrosso— sedujo al respetable culminando arrodillado una verónica postiza que hubimos de aplaudir

Ócula Shäfer se desquició en un juramento laxante de contralto hasta que algunas de las gotas salpicaron ““ fuera de su ampliver 

sin prejuzgar lejanas feincidencias Waldo trasteó sobre el mástil un extenso epistolario que parecía atorado en el güero puncial 

Walterio, viejo y carismático transformista, lo introdujo en su trompeta: su metálico gemido le dictaba a la pluma de Brai que lo deletreaba por el filo causante de su lengua: la tinta trasladaba al reverso pingas estraguladas que luego incausarían distorsiones psicúbicas en la rutinaria migración del espurgo colectivo

los agitarios se con-mueven como si el coro de la historia los estuviese compulsando en un solo purgal de batería

ya no cabían más tractores en el proscenio

Y así este tercio cepcional quedará obstanciado apelando al subyacente repertorio de aquellos días

 

GRAN BACANAL

instancia y proyección in-augurante

a los primeros compases el mugro celeste enrojece con el lacerante dolabro de mil tajadas: cromíscuo asoma el verso dimanante como in-voluntad primera

con mis dedos compruebo la brotación intestina hapaxlegomenon pre-intuido desde la cítara-manantial cuerda-encrucijada (como si desde antaño luego lo fuese)

y en los oídos (estos opíragos que ex-pongo) deletrean su génesis emérita luces adaptadas hiéleras fonés… eme veces confiadas y traducidas desde aquel devenir

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vivimos como nos parecemos a quienes hubimos encontrado piedras lodos paisajes acostumbrados al afilado labio del sílex al tiublitar de las balas a cualquier dirimencia tramargura irredención quien medra quien adivina quien otorga la herramienta el hacha ninguna sentencia ya lo modifica implora el shusviteo de los misales oración y exterminio en el curvo énfasis de la venganza ofuscando las palabras hasta ceñirlas a la saliva concreta de su verbo 

transcribiendo el estupor de las más inicuas ecuaciones del ojo mordido y del diente arrancado con la tenaza

coronando el puño (los cinco nudillos desnudos) la rosa del rosario va penetrando en el alma con la zonta ebriedad de una cabeza cercenada cayendo al pozo

sin recordar todo escozor es nuevo atrapado en el fiel goteo de la sustancia: el grito no puede prescindir de la experiencia asumida en su cabal sentido  

y en la íntima fronda rutinaria hectólitros de ricino y carabaña hasta pulir la última tela del saco en la puridad ciudadana

(el) tiempo transita diluido en la sangre como su fragancia (festín de la araña ciega cuya venia esencial compartimos) vástagos de una estrella errabunda cuya imprecisa luz murmura en la soledad internogatoria de nuestra danza arcoansias que la transifican  crono-ciempiés que incita nuestro bazar osamentario; no un esqueleto estructurado, sino un alzarín que oferta sus piezas emblistadas en el lineal del supermercado (ya admitido el concepto y su preceptiva logística)

gracias a sus convicciones escuchamos el seco y alarmante frenazo —en la misma puerta teogonal— poco antes de que definitivamente se nos cierre con su falaz ‘estruendo’

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