José Infante. Poemas

¿OLVIDO O DESMEMORIA?

Nunca se borrarán de tu memoria los ojos de tu madre perdidos en la ausencia del presente, buscando
con angustia en el pasado a la niña que fue, desamparada y huérfana, a cargo de una tía desnaturalizada  y cruel que jamás ocupó el lugar de la madre muerta en la juventud de un tumor innombrable.


Pero los ojos de mamá
no encontraban a nadie en su incesante búsqueda. Algún nombre perdido, el pánico reflejado
de la soledad en las pupilas ciegas.
¿Fue el Alzheimer lo que te llevó al olvido o preferías anular una vida tan dura
y generosa,  siempre entregada a los otros
sin pensar jamás en tu felicidad o en tu descanso?

Ha pasado ya más de un lustro, pero tus ojos vacíos de expresión, viajando al pasado
que habías querido borrar, siguen delante en mí, como una foto fija, que nunca
se llegará a poner sepia.
No pasa el tiempo por esa imagen aterradora y final, cuando
el aire te faltó definitivamente  y el corazón cansado dejó de latir, después de una agonía interminable, que ninguno de nosotros
logramos detener y que recuerdo
con espanto y a veces como el temido presagio de mi propia muerte.
¿Intentaré perderme, igual que tú en la desmemoria
que es el olvido deseado? ¿O será esa forma deliberada de estar ausente de la vida
la que vendrá pronto a habitar conmigo?

LA LOCURA
Está ahí. Siempre, detrás de alguna puerta que muchas veces has sentido que se abría y te invitaba imperiosamente a atravesarla.
Siempre ha estado a tu lado y todavía permanece fiel cerca de ti, rondándote como una enamorada que intentara seducirte. Oyes sus voces,
el infernal ruido en tu cabeza, como tortura amenazante que no cesa de emitir sus señales. Nunca se aleja la vieja compañera
que te visita, fiel siempre en sus engaños. Quiere que olvides refugiándote en ella
la insoportable realidad, los arañazos terribles
de sus garras, el insoportable dolor que te acompaña como una pegajosa costumbre adherida a tu piel.

CUERPO EXTRAÑO
Como es lógico y natural que ocurra mi cuerpo ha ido cambiando al paso implacable de los años. Arrugas, flacidez,
deterioro total por todas partes, los ojos apagados y sin brillo. Y en la mirada opaca nada
que presienta el futuro. Es extraño
este cuerpo que ahora arrastro cada día y cuyo paso se hace cada vez más lento
y sin destino. No hay nada que me espere. Mi cuerpo, antiguo compañero, lo sabe
y comparte mi desazón y mis miserias.
Ya no lo reconozco. Nada en él es familiar
y antiguo.  Parece un cuerpo nuevo
pero deshecho y desgastado  como si fuera viejo. Tal vez sea más viejo que yo.
Llegué ya sin remedio hasta la ancianidad, aunque dentro de mí me sienta más joven que los años que he cumplido
con una precisión abrumadora y puntual.
Y me parece igualmente raro y desconcertante haber llegado a ser más viejo que mi padre, que murió a los sesenta y dos. ¿Cuál es
en realidad el cuerpo que me alberga?
¿El deteriorado y viejo o el que yace dentro de él, aún con la curiosidad y el corazón despierto?
En ninguno me encuentro. Todo parece extraño. Ajeno ya a la vida, que arrastro con desgana
hacia otro cuerpo que será mi cadáver convertido en ceniza y en humo esparcido entre las olas de los mares.

(Estos tres poemas pertenecen al libro La Libertad del desengaño)

 

PLAYA DE LA ROCA
Homenaje a Luis Cernuda

Por  estas playas del Sur, bajo la alta roca
que un día lejano cobijó la belleza, la juventud,
la pasión del amor de las que tú hiciste elegía anticipada, vaga hoy tu sombra como un eco que guarda
la memoria de las olas, la arena ardiente del verano, el eco cercano de la muerte.

Los años y la historia, el mito del poeta, han ido levantando un muro de silencio,
la admiración también, el miedo a la palabra inútil que no supiera expresar tanta hermosura
ni la soberbia arquitectura de tu verso.

Pero hay un círculo ciego y misterioso
en esta playa donde insiste el verano y la belleza
el efímero amor, la juventud doliente y pasajera hirieron con sus dardos la juventud dorada por el sol, condenando la pasión a una muerte segura.

Así cegó fatal toda esperanza y el olvido
se abrió soberbio sobre la luna poderosa de agosto, cuando siempre vuelve el deseo como una llama
que incandescente sobrevive al tiempo y a la herida. Así quemó de nuevo con su aguijón cruel tu pecho otro joven esbelto y rubio como espiga al viento
un mediodía de agosto deslumbrante.

Pero nunca triunfó el amor entre las rocas.

¿Se repitió la historia y fue igual de breve la dicha y la armonía, la inmensa luz que cegaba tu vida?
¿Cómo puede ser tanta la belleza  y tan fugaz su fuerza y la delicia del goce y las caricias?

Por encima del tiempo aquí lo testifico. Aquí estuvo Sansueña, el paraíso que creó
tu palabra y que el tiempo cruel ha profanado.

José Infante
Poemas

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