Francisco Villatoro en el «Aula de Pensamiento» de Cornvcopia

«Todo el mundo piensa que la interacción con las inteligencias artificiales será algo del futuro. Y eso es falso», comienza Francisco Villatoro, el invitado del Aula de Pensamiento celebrada en la sala del Rectorado de la Universidad de Málaga, de la mano de Juan Gavilán y Jesús Baena Criado.

«Ahora mismo», continúa, «todo el que tenga un teléfono móvil, interacciona con ese tipo de inteligencias. La cantidad de información que recopilan las grandes empresas tecnológicas sobre nosotros, que somos sus productos y sus usuarios, es tan abundante que la única manera de gestionarla es de forma automática, mediante algoritmos».

Villatoro es licenciado en física e informática, doctor en matemáticas y profesor en la universidad de Málaga. Con más de 40 artículos en revistas especializadas, ha dirigido cuatro tesis doctorales y es autor de La ciencia de la mula Francis, un blog de divulgación científica con más de 200 mil visitas mensuales. Está acostumbrado a moverse, como señala en su presentación Juan Gavilán, entre los límites de las disciplinas, y eso se nota perfectamente a lo largo de su charla.

Tecnología y calidad de vida

Hace 20 años, con la web 1.0, la información que se ofrecía al hacer una búsqueda era la más interesante para todo el mundo. Hoy, con la web 2.0, queremos que se nos muestre solo la información más relevante para nosotros. Ahora bien, para eso es necesario que las grandes tecnológicas conozcan lo máximo posible sobre nosotros utilizando, por ejemplo, el micrófono del teléfono, que está siempre activado, siempre escuchando, dispuesto a atendernos cuando decimos Siri, Alexa o Ok Google, por ejemplo. ¿Y qué se hace luego con toda esa información recopilada? Procesarla mediante un análisis inteligente de datos (o smart data).

  1. La transparencia dela inteligencia artificial.

Según Villatoro, aunque haya quien opine que la inteligencia artificial es opaca, porque no se sabe qué sucede con nuestros datos, en realidad la clave de la inteligencia artificial hoy en día es su transparencia. No la vemos pero está ahí. Habla de las películas Metrópolis y Ex_machina para darnos ejemplos de cómo lo artificial (sea cuerpo o inteligencia) en determinadas condiciones puede pasar desapercibido y agrega que, a su juicio, el futuro será más parecido a lo presentado en Her, donde el protagonista se enamora de su asistente de voz, que a Blade Runner.

  1. Pero ¿qué es la inteligencia?

Para responder a esta pregunta, Villatoro recurre a la biología. Y no será la última vez. Hay un nemátodo, dice, del que hace unos 20 años hemos el logrado mapear todas las neuronas y sus respectivas relaciones, sin embargo, todavía no somos capaces de fabricar un nemátodo artificial que se comporte como el original.

Una definición de inteligencia artificial podría ser la siguiente: Percibir, razonar, aprender, comunicarse y actuar en entornos complejos como un humano.

  1. ¿Cómo medimos el grado de inteligencia?

Según Villatoro, no tenemos una manera fácil de hacerlo pues los tests de inteligencia, el cociente intelectual, etc. dependen del psicólogo que los aplique y de la literatura en que se base su aplicación.

Ya Alan Turing había planteado que el comportamiento inteligente es aquel que imita lo que hacen los humanos. El inglés diseñó un test donde un humano debía distinguir si tenía delante a otro humano o a un robot. Con el tiempo, ese test evolucionó y dio lugar a experiencias como la del chat psicólogo Eliza (1964) del MIT de Boston, a quien ciertos alumnos llegaron a preferir antes que a otros psicólogos humanos, hasta el famoso Whatson de IBM, una inteligencia artificial capaz de ganar en 2011 el concurso Jeopardy!

Hoy en día esto es ya una realidad industrial. Por ejemplo, quien quiera trabajar en IKEA, la primera entrevista la hace un robot.

Otra pregunta interesante que pone sobre la mesa Villatoro es qué pasaría si se pone a dialogar a dos chatbots. Esta situación se dio cuando Facebook puso a dialogar a Alice y Bob, dos chatbots, que llegado un momento determinado comenzaron a hablar a su manera y los encargados del experimento lo tuvieron que detener porque hubo gente a la que le provocó miedo.

  1. La resolución de problemas de propósito específico

Uno de los temas clave de la inteligencia artificial es la resolución de problemas de propósito específico. En 1956 hubo una gran conferencia americana donde se decidió que no se emplearía la expresión inteligencia computacional de Turing sino inteligencia artificial. Allí Newell y Simon, dos expertos, avanzaron en 10 años habría máquinas campeonas del mundo de ajedrez, compondrán música de valor estético, describirán teoremas matemáticos, etc. Hoy ya las hay, afirma Villatoro. La más famosa máquina de ajedrez era Deep Blue, que partiendo de los conocimientos de grandes maestros se enfrentó con Kasparov, a quien, tras una primera derrota en 1996, venció al año siguiente

Hoy en día, sin embargo, los grandes jugadores de hoy en día, como Magnus Carlsen, el campeón del mundo, aprenden jugando contra máquinas. Carlsen ha descubierto el último año una nueva manera de jugar, gracias a Alpha Zero, una máquina desarrollada por Google Deep Mind que utiliza un algoritmo diferente: olvidarse del conocimiento humano y aprender sola, compitiendo consigo misma. 

  1. En el aprendizaje profundo

Los científicos intentan emular cómo funcionan las redes neuronales de nuestro cerebro, empleando para ello diferentes capas que intervienen a la hora de percibir un objeto, una cara, por ejemplo. Algunas de estas capas, a cualquiera de nosotros, nos pueden parecer innecesarias, ruido, porque no entendemos lo que significan, pero en realidad son indispensables para que la red neuronal distinga esa cara de entre todas las demás. Hoy esta tecnología está presente en el reconocimiento facial de los smartphones, por ejemplo. Y no solo sirve para reconocer caras, sino también para generarlas (incluso en vídeo y en tiempo real). Hay, pues, redes neuronales generativas. Las caras así creadas presentan ciertas características propias, imperceptibles para un humano, pero detectables por otra máquina, al menos de momento.

Según Villatoro, esta semana ha sido noticia la aplicación de estas redes a las mamografías. La idea no es sustituir al radiólogo, sino dar una segunda opinión pues es muy fácil engañar a estas redes introduciendo algo para lo que nunca ha sido entrenada. Por ejemplo, el gobierno chino maneja un software que vigila a sus ciudadanos, susceptible de ser engañado mediante el uso, por ejemplo, de máscaras o pegatinas. Esta debilidad del algoritmo afecta también a su posible uso en el reconocimiento de las señales de tráfico y es lo que dificulta que los coches más avanzados puedan reconocer las distintas señales en tiempo real pues una pegatina o un destello imposibilitaría su correcta interpretación.

  1. El futuro que nos espera

La charla de Villatoro está tan actualizada que incluso recoge en su presentación y comenta una noticia de esta misma mañana: unos científicos de la universidad de Vermont han creado unos biobots partiendo de células de la piel (elásticas pero estáticas) y del miocardio (que se estiran y comprimen).

¿Cómo será el futuro que nos espera? No lo sabemos y Villatoro declina hacer de profeta, partiendo de un artículo de 2014 donde se demostraba que en esto de adivinar el futuro, tanto expertos como no expertos fallan por igual. Eso sí, defiende que, si queremos que la inteligencia artificial vaya avanzando hacia lo humano, las grandes tecnológicas deben tenerlo como hoja de ruta al igual que ponían de ser parte para cumplir la llamada Ley de Moore, que preconizaba que el número de transistores se doblaría cada año, hasta que cambiaron sus intereses y decidieron centrarse en que sus productos consumieran menos energía.

No necesitamos que las máquinas nos sustituyan en todos los trabajos, sino en ciertos trabajos repetitivos y que las inteligentes cooperen con los humanos. Ya hay software inteligente que ayuda al diseño de edificios, de fármacos. Habrá trabajos que desparezcan por las máquinas y otros que aparecerán. La clave será la cooperación.

Reseña realizada por Adrián González da Costa

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