«Entre Visto y Oído» de Cornvcopia con Cristina Angélica

El pasado 5 de noviembre tuvimos un encuentro con la poeta Cristina Angélica en «Entre Visto y Oído», moderado por Jesús Baena y Pedro J. Plaza.

Cristina Angélica González Bautista nació en Caracas, Venezuela, a finales de los 2000 pero lleva residiendo en Málaga toda su vida. Una vez abierta la sesión con la introducción por parte de Pedro J. Plaza, comienza la ronda de preguntas. Jesús Baena plantea primeramente el tópico de la familia y la identidad de la joven; descubrimos que, a pesar a su poca interacción con su país de nacimiento, este hecho la ha definido como una persona con una identidad un tanto diferenciada que nunca ha llegado a encajar del todo en ningún sitio. Complementando con lo mencionado, Cristina pasa a recitar el primer poema de la sesión:

«No tengo cita para renovarme el DNI»

Adjunto fotografías que parecen de un fantasma.
Dejo huecos por rellenar.
Formularios incompletos en donde mi nombre no dice quién soy.

Siempre en mi cumpleaños mi madre cuenta
que rompió aguas camino al aeropuerto,
que tuvieron que esperar a que cogiera peso
que al volver a España no aguantaba el frío de Ciudad Real.

Dicen que no tengo el acento del lugar en el que nací.
Reconozco su bandera y sé que no me pertenece.

Pasé años convenciéndome
de que formo parte de dos culturas.
Una que no conozco,
y otra para la que no existía
hasta que no tuve con diecisiete años
por primera vez un DNI.

Nadie sabe durante cuánto tiempo callé preguntas.
A veces no sé cómo explicar que el portero de la discoteca
solo quería que me identificara, pero no podía,
que por qué en el carné de la biblioteca el hueco para el DNI aparece vacío.

A veces no sé cómo explicar que para obtener un título
tuve que poner el número de un pasaporte caducado.

Han pasado los años, pero nadie entiende
la preocupación por un trozo de plástico.

Su primera toma de contacto con la poesía fue a través del «Abril literario», que se realizaba en el colegio Vicente Aleixandre, Torre del Mar. Cristina admite haberse adentrado en el mundo de la poesía por ciega curiosidad, queriendo expresarse de la forma más personal posible. Más tarde y ya en Bachillerato con algo más de experiencia quedó en segundo puesto del concurso literario de la Biblioteca dos años consecutivos en el IES Almenara, Vélez-Málaga. Se unió al Colectivo Literario Letras y Poesía en agosto de 2018. Siendo miembro del mismo ha participado en la antología «Tren sin parada» de 2019.

En los últimos minutos de la entrevista, el público abre preguntas relacionadas con el hogar, un fenómeno que la joven considera estar mucho más relacionado con lo que uno deja atrás antes que lo que quiera dejar para el futuro: un hogar es donde tus buenas memorias se quedan. La entrevista se cierra recitando finalmente el poema que la aclamó ganadora del Poetry Slam Málaga 2019:

«Quizá alguno de ustedes piense, «otro poema feminista», «otra que viene pidiendo la
igualdad» «pero que más quieres si ya estás ahí subida».

Quizá alguno de ustedes piense que vengo buscando proclamar una verdad en un
salón lleno de mentiras, y lo único que vengo buscando es que en 3 minutos seas
capaz de ponerle nombre a todas nuestras heridas,

porque desde hace mucho la sangre que emana de nosotras no es la que da vida, sino
la que nos la quita.

Todas ellas empiezan con un «tú no puedes» mientras se te clava en el pecho una
mirada desafiante que te dice «sola no vayas a ir» y lo único que te empuja a moverte
de allí es ese mensaje que te pide que avises cuando llegues a casa, porque es la
única forma de poder volver a respirar de nuevo.

Todas se abren y se hacen aún más grandes con los «estoy bien, pero asustada», «me quiero, en serio que me quiero… pero en ocasiones más delgada» hasta que tocan
fondo con un «si es verdad, si es que lleva razón, no valgo para nada» mientras en
mitad de la madrugada se pregunta a quién pretendes engañar.

Y es cierto, yo las he visto
algunas llevan una mirada suicida que prefiere verse arder
en el espejo para así justificar las cenizas que llevan por dentro.

No, no vengo aquí con otro poema feminista.
Vengo para que en 3 min metas las manos en nuestras heridas y por fin las escuches
gritar.

Gritan en mitad del silencio,
en las paradas de autobuses,
en los parques,
en una clase de instituto
y en el baño de la oficina.

Gritan y cada vez más alto.

Tengo la certeza de que o me explota la cabeza de tantos gritos que escucho o
exploto yo de tantas ganas de gritar que tengo.

Te he dicho como se abren nuestras heridas, como se hacen más profundas
pero no te he dicho cómo terminan.
En ocasiones es con sangre derramada,
otras veces es con el silencio de una niña que ve como venden a su hermana
y a veces con un adiós que nunca regresa a casa.

Yo no quiero este sea el final.
Quizá me expresé mal,
y estos 3 minutos no eran para que le pusieras nombre a nuestras heridas
sino para que se cerrarse las últimas.

Para romper con los gritos el espejo,
quemar en el fuego los miedos,
renacer de las cenizas
y cortar con los cristales la soga del cuello.

Permíteme decirte
qué este no es el final del poema
sino el principio de una declaración de intenciones:
cicatrizar todas las heridas que hoy supuran.

 

Autor de la reseña: James Smith

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