Rafael Torán: «El corazón del silencio. Miguel Romero Esteo»

El corazón del silencio. Miguel Romero Esteo
Rafael Torán

A menudo intentamos justificar las incomprensiones arremetiendo contra el pasado. Lo diseccionamos, lo analizamos y jugamos a buscar una explicación que nos consuele.

A veces lo estudiado, aunque lleve un nombre propio singular, es más un colectivo, un movimiento, una generación que ha sido expulsada de donde creemos nunca debió haberlo sido.

Tal vez desde que salió corriendo de niño una noche de Navidad con su familia atravesando los montes de Sierra Morena, camino de Ciudad Real o de algún lugar que le salvara de la guerra civil, comenzó a entenderse un rebelde.

Jugó con Dios y lo vomitó, no respetó protocolos institucionales, se erigió heterodoxo por mérito propio, revolvió los orígenes de Europa, no aceptó camarillas profesionales, prefirió la irascibilidad, el genio y la obligada y coherente soledad.

Siempre buscamos las explicaciones a cómo este autor dramático no ha sido más representado si tiene el premio nacional de Literatura, el premio Luís de Góngora, el premio Andalucía, el gran premio Europa…, y buscamos justificaciones en la dificultad de su lenguaje, en la desmesurada duración de sus obras, en las complejidades de la producción y hoy día, en la imposible distribución. Y mezclamos en un mismo saco literatura y escenario. Pero es que su teatro es literatura y escenario a la vez. En su caso parece como si se volvieran antagónicos en este país que tenemos.

Por ello hemos hecho un planteamiento —a nuestro parecer— atractivo, encontrar un equilibrio entre el pasado del autor, sin entretenernos en demasía y por el momento en todo lo que hizo y empezar el juego del futuro. De esta manera seguiremos proyectando que la poética de Romero Esteo aún tiene un lugar entre nosotros, que no es el pasado de la época del Independiente, que no está clavado sólo en el movimiento antifranquista, que no se quedó en el Nuevo Teatro Español de los 60 y 70 junto a Arrabal, Nieva, Riaza, Ruibal… Está siendo reinventado porque ha despertado el interés para ello. No es finito, de momento.

Esta revista ha tenido la idea de celebrar con un monográfico el 86 aniversario de José Miguel Romero García (23 de septiembre de 1930), conocido como Miguel Romero Esteo, acuñando este segundo apellido perteneciente a su admirada abuela Amadora Esteo. Y lo ha querido celebrar encargando una serie de reflexiones a nombres importantes de los ámbitos escénicos y docentes, tanto extranjeros como nacionales.

En las décadas de los años 60 y 70 cuando arranca la carrera profesional de Romero Esteo, una serie de estudiosos hablan, analizan y promueven su obra dramática conduciéndola hacía una presencia en los libros de textos, en las enciclopedias, en los libros de ensayos críticos y, por supuesto, en las revistas literarias y teatrales. Pedro Aullón de Haro, Moisés Pérez Coterillo, Ruíz Ramón y César Oliva hicieron, entre otros, muy presente a Romero Esteo. La singularidad de su escritura —su éxito y a la vez su fracaso— lo presentó como una de las “más altas cumbres de la literatura española” y como “un sin sentido ramplón de ripio en ripio”. Una parte de la crítica, tal vez y con mala suerte, la que estaba bien situada en el poder, lo maltrató a él y a su teatro. La buena crítica apenas tuvo repercusión.

Por ello hemos invitado al profesor César Oliva, de la Universidad de Murcia, a que establezca la reseña de arranque de este monográfico. Y para determinar su alcance literario, hemos realizado la misma acción con el profesor Enrique Baena, de la Universidad de Málaga. Y si con las aportaciones de Oliva y Baena, tenemos centrado a nuestro autor homenajeado, ahora necesitábamos un texto que nos situara en la reivindicación literaria, pero no sólo de un autor, sino de toda una generación que no ha sido muy bien tratada. Una dramaturgia, da igual simbolista o realista, que requiere, exige, demanda una revisión, una lectura diferente de la realizada en el siglo pasado. De ahí viene la colaboración de Jordi Coca, que fue director del Institut del Teatre de Barcelona y es escritor.

Juan Manuel Hurtado, director de escena, dirigió hace bastantes años un par de piezas de MRE y vivió en primera persona el Teatro Independiente y la llegada de Romero Esteo a Málaga. Por ello le hemos invitado a que escribiera sobre esa época del Independiente.

Cuando Romero Esteo recaló en Málaga por segunda vez, abandonando Madrid por motivos familiares, encontró trabajo en la universidad malagueña montando dos talleres, uno de teatro y otro de poesía. Con el de poesía empezó a sacar a la luz a jóvenes poetas malagueños que empezaron a ser conocidos y reconocidos. Los ayudó a través de los cuadernillos de poesía que editó: Los cuadernos de la marinería, publicando a la poesía malagueña de vanguardia; Los cuadernillos del Grumete, poetas de la nueva poesía universitaria; Los papeles del calafate, para la narrativa y, por último, el Taller de Ideas para los nuevos pensadores y ensayistas. Y desde el taller de teatro impartió cursos de formación, programó el teatro independiente español en el teatro de los llamados “Comedores universitarios” y dirigió varias piezas para sorpresa del auditorio: La pájara pinta de Alberti y La vida es sueño de Calderón. No acabó Yvonne, princesa de Borgoña, de W. Gombrowicz, uno de sus referentes literarios y estéticos. Protagonista de ambos talleres fue el escritor Francisco Fortuny, que encarnó el papel de Segismundo en aquella ceremoniosa puesta en escena, y autor del artículo que encontrarán en estas páginas centradas en este asunto.

Dentro de las inmensas curiosidades que tiene la obra de MRE, se encuentra esa especie de sistematización de la poética. Esas fechas de los 60 y 70, aparentemente cerradas, en las que escribe sus comedias denominadas grotescomaquias y, a partir de los 80, las tragedias, cambiando género y estilo. Entre medio han aparecido escasos textos curiosos contaminados de una u otra época. De las tragedias tenemos, con mayúscula, su Tartessos, motivo del premio Europa y protagonista de diversos intentos de grandes puestas en escenas con importantes directores y productoras y malogrado todo a última hora, a veces a primera.

Ha sido tal el derroche de investigación que justifica esa pieza, que dio material para escribir otras y, después, seguir con la saga de todos los reyes tartesios. Ya hace 36 años que empezó con la investigación y la escritura de su primera tragedia. Y en todo este tiempo la única puesta en escena que se ha realizado fue por la Universidad Popular de Marbella en 1986 y con la dirección escénica de Francisco J. Corpas. Después de tanto, resulta que la única tragedia representada es Antigua y noble historia de Prometeo el héroe y la pálida Pandora. En el artículo de Corpas a este respecto encontrarán numerosos datos de fechas y ediciones que pueden resultar de interés.

En este periodo que nos ocupa hasta el momento tenemos un tránsito clave en la historia de nuestro país. El final de la dictadura y el inicio de la democracia. Cuando comenzaron los municipios a sacudirse el polvo gris ceniza y poner en su lugar lo que nunca debieron haber perdido, cuando las ciudades empezaron a creerse que había un futuro por delante de avance y de modernidad, fue cuando empezaron a realizarse infraestructuras que permitirían recuperar tiempo robado. Se tomaron iniciativas que dieron otro aire a las ciudades.

Fue en este momento cuando la corporación municipal malacitana, presidida por el socialista Pedro Aparicio, encargó a Miguel Romero Esteo la dirección del Festival Internacional que llevaba algunos años realizándose en las ruinas del Teatro Romano, como continuación de los festivales grecolatinos que la compañía ARA hacía en verano. Pero se trataba de otra cosa. Había que dar un salto cualitativo y Francisco Flores, concejal de Cultura, fue el encargado de acordar con MRE la orientación del Festival. Romero Esteo sabía perfectamente del déficit cultural que la dictadura había sometido al país. Por ello quiso cubrir esa deuda y poner al día a la ciudadanía y muy especialmente a la joven profesión teatral. Por eso se produjeron las presencias de los grandes de la escena internacional, pero también la incomprensión de un sector muy amplio que arropado por los medios de comunicación presionaron lo suficiente para que esa aventura finalizara años más tarde.

Pero ahí quedó en el recuerdo y, ahora que existe otra perspectiva de las cosas, se añora un pasado y se tilda de época gloriosa del festival que tuvo que luchar con la incomprensión y con la llegada de la rentabilidad de la cultura. Los números estadísticos deben acompañar las propuestas porque la cultura no debe ser deficitaria, decían. Desde entonces se comprueba como temporada tras temporada el éxito es definido por números estadísticos. Por eso Francisco Flores, responsable de su contratación y también de su cese, escribe en este monográfico sobre el Festival Internacional de Teatro.

La prensa siempre ha jugado un papel clave en el mundo del espectáculo y de la cultura. Puede ignorar o señalar, anular o enfatizar. Muchos periodistas han sido los que se han hecho eco de las mil y una vicisitudes de Romero Esteo. No solo cuando el festival, sino también con los problemas de su casa o la famosa contienda universitaria sobre si debía o no leer su tesis doctoral; sobre sus premios y homenajes; sus estrenos y conferencias.

La prensa ha sido además la profesión académica de MRE y con su título de periodista entró a trabajar en Madrid en Nuevo Diario y consiguió un espacio, una columna dedicada a la cultura en la que iba presentando a nombres de escritores, artistas y pensadores casi desconocidos para la mayoría del país. Esos nombres propios han pasado con los años a ser piedra angular de la cultura mundial: músicos, poetas, dramaturgos, científicos…, todos ellos, algo más de doscientos, están recogidos en un anexo para que quienes sintáis interés podáis disponer de los títulos de esas columnas culturales y así facilitaros el acceso.

Nos hemos permitido invitar a dos periodistas que han estado siempre atentos a la vida de Romero Esteo y que, sin ningún acontecimiento a la vista, es decir, sin ser necesariamente noticia, han escrito de forma periódica sobre él, así se ha contribuido y mantenido activo y presente su nombre y su obra. Guillermo Busutil ha preferido escribir un nuevo artículo, mientras Cristóbal González ha optado por refundir y actualizar uno de sus artículos publicados.

La catedrática de Literatura Rosa Romojaro entrevistó a Esteo en el año 2011 para la revista Campo de Agramante, a quien le damos las gracias por habernos cedido amablemente y con interés dicha entrevista. Cada vez que hay oportunidad, se procura citar ese coloquio porque hay un posicionamiento de Romero Esteo muy claro con respecto a su obra y la cultura. Sin embargo, un año más tarde, la profesora de Hispánicas en la Universidad de Estrasburgo, Carole Egger, con motivo de un “coloquio” o pequeño congreso en torno a los protagonistas generacionales del Nuevo Teatro Español, que como saben fue un movimiento de dramaturgia española en torno a las décadas de los 60 y 70, le realizó otra entrevista donde observamos ya a un Romero Esteo diferente con respecto a la cultura y, sobre todo, su teatro. Por ello se ha visto conveniente reproducir ambas entrevistas, porque marcan dos momentos cruciales con dos actitudes bien diferenciadas.

La cantidad de ensayos y conferencias escritas sobre teatro de Miguel Romero Esteo es considerable. Tuve la oportunidad de enfrentarme a su “armario cerrado a cal y canto de sus papeles” y durante un verano, día a día, unas veces 20 minutos, otras una hora y otras dos minutos y es mucho, pude ir ordenando y clasificando sus carpetas para el compromiso de venta de su obra original a la Biblioteca Nacional. Manera de preservar y garantizar el futuro de su legado.

Esta acción hay que agradecérsela a Carole Egger e Isabel Reke, directoras del equipo de investigación CHER (Cultura e Historia en el Espacio Románico) de la universidad francesa de Estrasburgo, puesto que respondieron a nuestra propuesta algo desesperada de que alguna institución se hiciera cargo de esta ingente obra ya que corría el peligro de desaparecer. Sólo recibimos respuesta de esta universidad mostrando su deseo de que la obra original de Romero Esteo estuviera allí. Iniciados los trámites, el Ministerio de Cultura intervino para aclarar que toda obra de cualquier creador español es patrimonio del país y que no puede salir de los límites de nuestro Estado. La única solución era que el Ministerio, a través de la Biblioteca Nacional, comprara la obra del autor.

Pero para ello había que reunirla, clasificarla y catalogarla para después poder ser tasada. Así se hizo y este trabajo me facilitó reunir algo más de 90 carpetas con 22.000 folios de ensayos, poesía, teatro, novela, conferencias, artículos y demás géneros. Todo ello fue entregado y se encuentra a disposición de cualquier investigación académica o de cualquier persona interesada en consultar. Recientemente han aparecido más carpetas que se encuentran archivadas provisionalmente en el Archivo Histórico Provincial de Málaga, bien custodiado por su directora Esther Cruces.

Entre todos estos papeles encontré varios de alto interés, según creo. Y nos permitimos publicar en este número algunos temas que sin duda van a sorprender. Pero antes de avanzar y entrar en ellos, pensamos que lo más adecuado es presentar un escrito del propio Miguel Romero Esteo en el que define el Teatro Ritual, es decir, su universo.

Desde el inicio teníamos claro que no sería un monográfico habitual y que no repasaríamos su vida y obra de forma académica. Ya hay otros lugares para ello, ya está hecho una y cien veces. Habrá más ocasiones. Ahora teníamos que pensar en clave de futuro. Por eso nos ocupamos en reunir a una serie de estudiosos/as y creadores/as que tienen presente a Romero Esteo para dentro de unos meses, unos años, un tiempo. Da igual. Lo importante es que sigue inquietando mentes. Por eso quisimos refl ejar una idea, un proyecto y un diálogo.

Para la Idea, nos vino como anillo al guante Miguel Gil Palacios, dramaturgo, director de escena y profesor, que reside en Córdoba y tiene la intención de llevar a escena Pasodoble. Pero por ahora sólo es una idea que él nos presenta. Una revisión de ese texto que se ha convertido tal vez en el más representado: Ditirambo Teatro Estudio, Teatro Estudio de Málaga, Centro Andaluz de Teatro…

Para el Proyecto nos pusimos en contacto con Juanjo Granda en Madrid, director de escena que fue actor en los inicios con Ditirambo y fue director de la RESAD. Granda lleva años con un proyecto de escenificación de Fiestas gordas del vino y del tocino. Ha tenido que realizar un esfuerzo considerable para reducir el proyecto que ocupaba por si solo algo más de 40 folios. Pero ya es algo más elaborado, más preciso, realizable. Sólo falta la productora que lo ejecute.

Si en los años 70 fue el profesor Pedro Aullón de Haro quien analizó y escribió sobre Romero Esteo, en la actualidad es el investigador Óscar Cornago quien ha analizado su poética desde la perspectiva de la modernidad. Es la pieza del análisis teórico que faltaba en el engranaje de este monográfico. Pero la otra rueda del engranaje es la de la práctica y, por ello, era imprescindible contar con Luis Vera, director del legendario Ditirambo y la persona que, tal vez, más sepa sobre el teatro de Romero Esteo en el escenario. Reunirlos en torno a una grabadora, y debatir ambos sobre MRE y el futuro, era un reto. Esta idea surgió de ellos. Digamos que era la única manera con la que podían pasárselo bien. Lo hicieron y aquí está un resumen de las dos horas que estuvieron hablando de futuro.

Desde Granada, la radical directora de escena Sara Molina, con su compañía Q Teatro, decidió montar un espectáculo «Wolof» trabajando con africanos inmigrantes. Ella nos presentó en los 80 la idea de la fragmentación como material creador. Y en este espectáculo usó fragmentos de un texto de Miguel, uno de los últimos que ha escrito Tinieblas de la Madre Europa o Las naranjas de la tropa.

Sophie Faure Guignoux, de Marsella, ha sido la primera extranjera que ha realizado una tesis sobre el teatro de Romero Esteo. En un capítulo, mantiene una propuesta muy interesante de conexiones entre las didascalias en las obras de MRE y la danza japonesa Buto. Al principio te puede despistar, pero cuando comienzas a leer las definiciones y las relaciones que la investigadora establece, te surge la pregunta de si es posible lo que ella plantea. Con rapidez lo que se desea es trabajar con un equipo de actores y actrices y llevarlo a escena. Es la búsqueda de un futuro. Romero Esteo es tan actual que surgen propuestas que nos llevan más allá. ¿Y si fuera posible lo que la autora plantea? ¿Y si no? Juzguen, o jueguen.

José Antonio Hergueta es principalmente un productor arriesgado de audiovisual. Desde su productora MLK realiza documentales entre otros soportes. Uno de los muchos realizados cuenta la historia del arqueólogo Schulten, que se empeñó en buscar Tartessos, la mítica civilización situada —al parecer— en Doñana y sus proximidades o más allá o más acá, porque tal y como va la cosa, tal vez sea enterrada por algo más que dunas de arenas. Cuando hizo este documental tuvo la gentileza de conectarlo con la presentación del libro de Miguel Tartessos, la gran tragedia, en su segunda edición coordinada por Luis Vera y Óscar Cornago para la editorial Fundamentos. Se presentaron juntos en Madrid y en Málaga. Hergueta vio el interés de esa obra y se planteó un segundo trabajo centrado ya en el montaje de Tartessos, conectándolo con los ritos ancestrales que nos seguimos encontrando hoy día en cualquier esquina, más o menos. De ahí salió el documental Solsticio.

Hará unos 15 años aproximadamente se intentó crear una fundación con el nombre de Romero Esteo. En ella estaban figuras de la escena nacional de primera línea. Las dificultades económicas y legales impidieron que se materializara. Pero desde entonces siempre nos quedó el deseo de crear algún tipo de colectivo que se dedicara a promover y proteger la obra de este autor. Y surgió la Asociación Miguel Romero Esteo teniendo como presidente a Carlos de Mesa Ruíz, que fue director gerente del Teatro Miguel de Cervantes en Málaga, precisamente durante los años del Festival Internacional de Teatro. Él nos ha escrito un artículo en el que da cuenta de este colectivo e invita a la participación. En definitiva: un órgano que inventa la presencia constante de su obra y su nombre.

Ahora entramos en lo más desconocido. De Miguel Romero Esteo se conoce su obra dramática y algunas de sus poesías, las autodenominadas Hierofanías. Pero el interés mayor de Miguel ha sido siempre ser poeta. El ha manifestado en muchas ocasiones su escaso interés en ser dramaturgo. Pero al revisar toda su obra completa —aquellas 90 carpetas de las que hablé con anterioridad— aparecieron cientos de poesías que dormían en el polvo de muchísimos años. Eran los poemas de juventud y los de no juventud y, después, los de madurez y, después, las hierofanías conocidas y publicadas algunas de ellas. Pero no existía ningún estudio al respecto de la poesía de Romero Esteo. Y aquí tenemos esta primicia. Ha sido realizado por Carole Egger, de la Universidad de Estrasburgo, quien desde el primer momento que tuvo noticia de este hallazgo sintió un gran deseo por conocer su obra poética, estudiarla y darla a conocer. Lo ha hecho en su universidad y ahora publica en este número una síntesis de su estudio.

Para cerrar la revista hemos creído conveniente presentar un anexo con diferentes fragmentos: una Hierofanía, algo de Tartessos, una relación de todos los títulos de sus obras teatrales, incluyendo los textos inéditos y aquellos de los que jamás se sabía que existían. Como por ejemplo El pájaro grande y amarillo o De lentejas y garbanzos. De este último título nos hemos permitido reproducir un fragmento. Y ustedes que conocen la obra y el estilo de Romero Esteo, cuando lo lean, no darán crédito. Verán un universo muy diferente al habitual. Tanto, que nos planteamos la idoneidad de su publicación fragmentada pero, creo que fue Luis Vera, quien nos dijo que de un autor hay que saberlo todo. Por lo tanto no escondamos nada. Todo es más sencillo.

En este monográfico no hemos hecho referencia al Miguel Romero novelista. Dispone de dos novelas registradas: De los gigantes y los bosques y Las pálidas florecillas silvestres. Ambas novelas, como casi la totalidad de su obra original, se encuentran ya en los fondos de la Biblioteca Nacional. Ni apenas hemos hablado de la ingente relación de ensayos sobre los orígenes de Europa o sobre los verdiales y los cánticos iniciáticos de su Montoro natal. Tampoco hemos hecho referencia a los numerosos artículos para prensa y conferencias, y no hemos hablado del Romero Esteo profesor universitario. Tampoco, y es clave en su trayectoria, su faceta de compositor musical. Ha quedado pendiente la publicación de un estudio sobre la sonoridad en la obra poética de MRE. Espero que compartan conmigo la siguiente idea: esto no ha hecho más que empezar.

 

El corazón del silencio. Miguel Romero Esteo

Rafael Torán

 

Pinchando en la portada de abajo puedes leer y descargar la revista Etc nº16, especial Miguel Romero Esteo

 

 

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