Al principio, la gente. María Dávila

“Al principio, la gente aparece y mira”
(tú has hablado)

La imprecisión de los signos,
la precesión de los simulacros.

Ante una imagen: pensar. Pensar, decir, interpretar
ante la duda.
Pensar con las manos
tocar, tomar
acariciar.
Ver cómo la superficie, más lisa, se funde a blanco.
¿Por qué me miras siempre desde el otro lado del espejo?
¿desde el otro lado del cristal?
Dejar deslizarse, despacio, suave
y entonces
miras a cámara y te escondes
fuera de campo.
Una mujer baja las escaleras, espera fuera.
Alguien llora detrás de la puerta.
Él le dice: “hola”
Ella le dice: “hola”
y fin de la conversación.

A sabiendas de que
la sombra es el espacio inter-medio del silencio.
La luz, la posibilidad de lo visible.
En el principio, era una cueva. La pared del fondo donde una hoguera

proyectaba las formas y eso era
la realidad.
Afuera: la claridad distinta y perfecta;
cegadora matriz de las ideas.
Aquí, en la tierra, la existencia.
Y la imagen, como una fisura o una grieta,
un hilo invisible bajo la apariencia,
como la palabra.
“Como un cuchillo atravesaba todas las cosas; y al mismo tiempo, estaba fuera de
ellas, mirando.”
Como la mirada
un punto cero,
es fuera y es dentro, es lo mismo y distinto al mismo tiempo;
es tiempo y espacio, es visión y tacto.
Pensar con las manos es pues, llevar al acto, sacar afuera,
hacer de continuo la interioridad con la exterioridad, dar la vuelta al guante, girar para
ver la otra cara, la cara oculta, la sombra de la realidad.
Pues así la llamaron las convenciones.
Y como dice Chantal, con-vencer es pretender vencer al otro con nuestros argumentos. Así las convenciones son imposiciones sobre la mirada de los otros, sobre su realidad.

II
(ella se ha ido, le ha dejado solo, recordando)
Y te vuelves a mirar y estás ahí, delante de ti.
No eres más que esa imagen, no eres nada cuando no pueden verte.
(se levanta, se pasea por la habitación, mira por la ventana, se detiene)
– Las cosas nunca suceden como las habíamos imaginado.
– No te vayas ahora, no me olvides, no me dejes.
(interrumpe el silencio el sonido de los pájaros.
Son vencejos y entonces, es verano)

El teatro de nuestra imaginación, en el sueño donde todo es verdadero
y es imagen, y habitamos esa imagen que es nuestra y que no podemos retener.
Y transcribirla es en vano, pues la esencia misma es irrepetible; así la existencia.
Vivimos sin poder aferrar la percepción sensorial e intuitiva que nos despierta nuestro
estar en el mundo. Y, sin embargo, la expresión insuficiente de nuestras sensaciones
es el único consuelo que permite cierta posibilidad de comunicación.
De comunidad, comunión, complicidad, conexión.
Con-tacto.
(ella se vuelve y le mira, y le dice sin abrir la boca: “no”)
Sales por la puerta de atrás y te vuelves cada vez más y más pequeño.
Eres un punto diminuto en la distancia infranqueable de la amplitud de campo.
Borrosa, la configuración de tu rostro desaparece y ahora eres azul y amarillo,
una línea de agua está invadiendo tu frente y estás a punto de desaparecer completamente.
Ahora es una casa diferente, estás llegando al límite de tu cuerpo y eres otro.
Pero eres tú, eres tú en una imagen que no te pertenece.

Salir corriendo, sin poder moverte. La capacidad para hacer de un movimiento la impotencia.
La destreza para parar el tiempo, la secuencia, en el instante preciso, en el justo momento en que se dilata la forma hasta su trans-formación. Antes, después, ya no es nada. Ya se ha ido.
Vuelvo a ser yo.

Re-tener, de-tener, llevan implícita la muerte en el flujo continuado de la narración.(volver a ver es esa muerte voluntaria), “[hablar] es eso: la muerte en la conversación”

Abro esa fina capa que separa un instante de su inmediata consecución. ¿Para qué?
Es un continuo hundirse desde el centro mismo, es una tendencia hacia los márgenes.Para seguir, para buscar una excusa. —¿y por qué seguir?—¿y por qué no?

Ella se levanta, se dirige al público, la mirada fija, la boca entreabierta, la presencia perdida, la palabra infinita. Se da la vuelta y todos aplauden. Y de repente todo es rojo.

Alguien escribe “aprendí a verme a través de sus ojos”

III

Im-posición.
Adivino el paso fugitivo de una presencia
al otro lado. Las paredes son de papel y el murmullo de la vida de los otros
deja entrever cierta compañía aletargada, en la lejanía.
Una luz amarilla se filtra y las verticales continuas que franquean la salida son la manifestación de la celda que habitas, porque tú construyes las fronteras de tu propia realidad.
Imagino, debe ser muy difícil de llevar.
Ella le mira el tiempo justo para bajar sus ojos antes de que se dé cuenta.
Ojos abatidos, determinación cobarde e ingenua.
Falta de continuo, esencia de fragmento donde quiera que miras.
Vas y vienes, sales y entras y nada permanece, pero siempre es igual.
“—¿Por qué no me lo cuentas?
—Porque no lo entenderías”

Atisba en su figura la fragilidad de su espíritu.
Es vulnerable pero se recubre de fuerza, como todos.
Que para salir al mundo pasan revista y hay que estar bien preparado.
¿Tú lo viste?
No, pero me lo han contado.

Parpadeo, me miran. Alguien sale por una esquina.
Quiero huir, perderme, desaparecer, pero me quedo inmóvil.
Me fija su mirada. Me entretengo en la delineación de los mosaicos del suelo, en la costura de la cortina de la sala. Me llaman, un código aparece en la pantalla.
Yo soy ese código.

Lees, sales de la estancia. Para ti nada ha cambiado, todo es indiferente. Para mí, algo se ha roto. Una brecha, un vacío, un gesto interrumpido. Todo lo que queda sin decir. Escribo.

***

Será la escritura o será la pintura.
(Donde emerge la palabra, allí nace el silencio)
“(…) las soluciones que corren el riesgo de no convenir [a saber]: un lenguaje de afirmación y de respuesta, o bien un lenguaje lineal con desarrollo simple, es decir, un lenguaje donde no se hubiera puesto en juego el lenguaje mismo”.
Y sin embargo es la forma más directa,
la palabra requiere el dominio de un idioma, requiere lenguajes que la imagen ignora.
Y sin embargo no hay juego ni diálogo sin demora, sin latencia, sin supervivencia de un misterio, un enigma infranqueable y necesario, un pequeño abismo que es su esencia: la fuente de la búsqueda primigenia.
La imprecisión de los signos,
he ahí la herramienta.
El motor: uno mismo.
El destino: el camino,
la ausencia de meta.

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