El virus de Rebajes por Mónica López

Artículo que abre el número 18 de nuestra revista digital.

EL VIRUS DE REBAJES Mónica López

Entre la persona y el personaje la historia se vuelve incierta, verídica y dudosa, concreta y dispersa, real como la vida y literaria como la existencia. Todo puede ser y quizás no sea así. Entonces ¿quién es Francisco Rebajes?

“Personalidad artística inclasificable, extraña, enigmática”. Algo así, exactamente, pero mucho más.

Francisco, Francis o Frank (Puerto Plata, 1906 – Boston, 1990) era “un eterno torbellino”. Una persona resolutiva y arrojada. Juguetón, irreverente, imaginativo, vital, irónico. Practicaba la libre expresión, en su forma de ser y en su trabajo. Era rebelde con la rutina y lo establecido, “hay que aprender a desorientarse en esta vida. Hay que aprender a desafinar”, decía. Valoraba la capacidad, el esfuerzo, la voluntad y, sobre todo, la imaginación. En su desarrollo personal era egoísta en un sentido nietzscheano. Creía en sí mismo, y eso fue lo que le llevó de la nada (más que la voluntad de ser) a convertirse en ejemplo de la conquista de los sueños, a creer en las utopías como verdades prematuras. Todo lo que le interesaba se convertía en obsesión. Le apasionaba el conocimiento y dejarse llevar por él. Acaso, tal como se deduce del estudio de su obra, sus preferencias fueron la geometría, la filosofía china y el arte. En realidad el arte fue su modo de vida y su escuela. Sus amigos eran de la bohemia cultural y artística, allá donde fuera. Leía y conversaba sobre arte, era consumidor de exposiciones y museos. De la National Gallery de Washington D.C. decía que era “lo más perfecto que había visto”; el Prado le pareció “demasiado chillón y desbaratado”; el Louvre le dejó la impresión de que “la masa de yeso del techo es demasiado asfixiante”; cuenta que vio el Guernica en la Exposición Internacional de París de 1937, en la que, por cierto, también Rebajes tenía una pieza expuesta por la que recibió una medalla de bronce. Fue un viajero incansable desde niño, audaz aventurero, casi temerario, como sus lecturas infantiles de Emilio Salgari en la República Dominicana, su lugar de origen. Vivió en Nueva York entre 1921 y 1958. En 1959 se trasladó a España, eligiendo Torremolinos como residencia hasta su muerte en 1990. Mientras, estuvo viajando por diferentes países, especialmente Cuba.

Cuentan de él que era elocuente y expresivo en sus gestos, divertido, muy inteligente, convencido de sus ideas, con algo de impenetrable, buen amigo de sus amigos, y derrochador de altas dosis de generosidad. A veces podía ser soberbio y de talante voraz. Quizás en esto, en algunas etapas de su vida, el alcohol fue su gran enemigo. Hay quien dice que no le gustaban las mujeres, que no confiaba en ellas, excepto Pauline, por supuesto, de quien se enamoró perdidamente, encajando durante 55 años como el ying-yang. Ella fue el alma máter que hizo de él a la persona y al artista. Lo que sí le gustaba eran los gatos y, como a todos, hacerse retratos fotográficos y fotografiar el presente, que, según él, no estaba en ningún sitio. Le encantaban las fiestas y, sobre todo, los amigos. Cualquier motivo era bueno para abrir las puertas de su casa y marcarse un baile con Pauline. A la vida, seguramente, le cantaba este danzón dominicano: “no me trates con cuidado, tócame con frenesí.”

Rebajes, Rebaxes o Cirilo (1932-1990) es un creador inquieto, artista autodidacta, virtuoso, creativo y original, amante de los retos, perseguidor de ideas (“tan emocionante como perseguir ballenas”), investigador afanoso y asombrado con la complejidad de lo simple, como Naum Gabó; inventor curioso y osado experimentador, como Da vinci, atraído por la innovación y la modernidad y, a la vez, buscador de verdades universales, de la belleza primigenia en las formas simples. Fue un estudioso del mundo desde todos sus “puntos de vista” como fuente para la creación. Ávido lector y consumidor de conocimiento en busca de referentes, como un fagocitador borgeano que digiere creadores y sabidurías para trazar su propio laberinto de espejos. Su creación, su vida y su concepción del mundo transcurren siempre bajo la influencia de un elemento: la S, de un solo trazo convertida en infinito, como la superficie de “esa ligeramente obscena cinta de Möbius”. Como artista multidisciplinar trabajó con éxito el diseño de joyas, la orfebrería y la escultura, y desarrolló disciplinas como la arquitectura. Su obra se puede dividir en dos ámbitos: la creación como orfebre y joyero, que desarrolla en Nueva York y Torremolinos, desde 1932 hasta mediados de los 80, y su trabajo escultórico, que pone en práctica en Nueva York, pero al que se dedica intensamente entre 1972 y 1990 en Torremolinos.

Rebajes es elogiado por la crítica estadounidense coetánea y actual como artista y maestro artesano de la orfebrería. Fue el diseñador que elevó a categoría de joya el cobre y el aluminio; con él comienza esta tendencia. Revistas como Vogue se hacían eco de sus creaciones. Entonces y ahora es un referente en la bibliografía sobre joyería, como lo es su tienda de la 5ª Avenida de Nueva York en los libros de arquitectura, aplaudida por su diseño innovador. Realizó exposiciones en varios museos durante las décadas de los 30 a los 50, y fue invitado a participar en dos ferias internacionales (París 1937, Nueva York 1939). Sus piezas se exhiben hoy en The Metropolitan Art Museum (http://www.metmuseum.org/art/collection/search/485432), en el Cooper Hewitt Smithsonian Design Museum (https://collection.cooperhewitt.org/people/18059525/objects/donor), y la última exposición en la que aparece su trabajo se celebró en 2011 en el Brooklyn Museum (https://www.brooklynmuseum.org/opencollection/exhibitions/3170?limit=30&offset=30), donde ya había expuesto en 1937. Su joyería es reconocida mundialmente, en Estados Unidos es referente de una época, y sus joyas son muy cotizadas. Su firma continúa en activo (http://www.rebajes.com/), aunque ya distanciada de la filosofía y el sello de Rebajes, pero manteniendo una sección que reproduce la línea de su fundador.

En Málaga se pilló una “borrachera cósmica” que quedó plasmada en la serie escultórica Óvulo. “Si Poe tenía razón, yo puedo crear mundos en rotación y esferas inflamadas y ruidosas con el sonido de una materia que no tiene alma”. Como el arquitecto Richard Buckminster Fuller, tiene algo de visionario, está convencido de su búsqueda, y encuentra respuestas en la sinergia de una panarquía de valores donde cabe todo el conocimiento, haciendo girar su obra sobre un punto fijo: el movimiento continuo.
Se genera una mitología en torno a su serie Óvulo. La importancia de un gran descubrimiento es su declaración, su empeño. ¿Lo es realmente? Ésta es una de las grandes incógnitas sobre su obra y, la otra: ¿tiene valor como obra plástica? Nadie tiene respuesta aún, es cuestión de poner interés y estudiarla, algo que debió hacerse en cuanto se convirtió en legado, un legado que donó a la ciudad de Málaga. Desde entonces, esta obra se ha mostrado dos veces en la ciudad (1988, 2005), no aparece en libros, no ha sido estudiada, nadie la conoce, la está devorando el olvido y está guardada en un almacén desde 1990, víctima del deterioro físico, ¿por qué? Me pregunto, como hace él: “¿Qué tendría que decir Luca Paccioli sobre el Óvulo?” Quizás los responsables de su obra no se lo han preguntado. Es el problema de la ciencia (y la razón), “que lo único que dice es que el hombre sólo puede subir para arriba”. A mí se me ocurren otras muchas preguntas: ¿de verdad nadie “vio” ni “ve” su obra? ¿Puede ser que valga ‘cero’ para ser desconsiderada de tal manera? Más allá de su valor artístico ¿no importa como legado y patrimonio? ¿Tiene que venir alguien del espacio exterior a desvelarnos qué tenemos en la ciudad de Málaga? En cualquier caso, estas no son las preguntas que tanto me formulo, como las que giran en torno al propio Rebajes:

Si él consideraba su obra “Óvulo” arte o resultado científico, o simplemente “formas huérfanas”.

Si su obra tiene un lugar dentro de las vanguardias artísticas o es “inclasificable”.

Si conoció referencias artísticas como el neoconcretismo brasilero o la semántica conceptual de Joaquín Torres García.

A qué artistas conoció en Nueva York y con quién andaba.

Qué disparador convierte la cinta de Möbius y el movimiento continuo en su sacralizada obsesión.

Si era masón o rosacruces, se creía teósofo, o simplemente le fascinaba el hermetismo.

Qué necesidad le mueve a esa búsqueda incansable y constante.

Qué pensaría ahora de la física cuántica.

Cuánto hay de loco y de cuerdo en su personalidad y en su creación. “Could I be loco?” se preguntó a sí mismo alguna vez.

Qué le hizo dar el salto a la inversa, del éxito de Nueva York al anonimato de Torremolinos.

Cómo amó la vida y de qué manera la libertad.

Cuánto le afectó la pérdida de su esposa Pauline.

Y en fin, tantas preguntas que poco a poco se van resolviendo, o simplemente se presuponen para consolar la insaciable curiosidad del ser, hasta que de nuevo descubres que no era esa la respuesta, que estaba mucho más cerca y, en una metanoia, se abre otro camino por el que avanzar, de manera siempre sorprendente (a veces, incluso inverosímil), y surgen nuevas preguntas.
Construir una historia de Rebajes es, a la par que entretenido, sugestivo y fascinante. Pero reconstruir la historia de Rebajes, es otra cosa. Aún faltan horas de investigación, medios y voluntades. Por eso este monográfico no pretende ni puede ser una biografía ni un análisis de su obra. Es más bien un compendio biográfico elaborado a través de realidades documentales, hipótesis e interpretaciones, que puede leerse como un palíndromo (seguramente de forma sigmoidea). Los testimonios de amigos, estudiosos, y del propio Rebajes, que ofrecen opiniones y visiones personales, se organizan en un equilibrio dinámico con artículos y reseñas de carácter documental, que aportan el rigor de la investigación. Se forma así una especie de puzzle donde, así como encajan piezas, otras faltan o en un mismo lugar se superponen varias, generando incertidumbre. El lector, de esta manera, se compone una idea abierta sobre la que puede continuar la investigación o especular con la imaginación y la lógica. El objetivo es desenterrar esta historia e infectar con el virus de Rebajes a muchas voluntades.
El día que conocí al artista Daniel Muriel, lo primero que me dijo fue “¿a ti también te han inoculado el virus de Rebajes?”. Hasta ese momento no me había dado cuenta. Sí, me habían inoculado el virus de una fascinación crónica. Para mí Rebajes no es sólo un artista al que estudiar o un concepto creativo, es también una filosofía de vida, una forma de mirar y comprender el universo. Al igual que sucedió con Daniel, busqué y me encontré con otras personas que, de alguna manera, estaban implicadas en la biografía de Rebajes. Un dato llevaba a otro, una referencia o una pista a otra y un nombre a otro, así hasta el infinito desde que un día descubrí a Francisco Rebajes. Él ha puesto en mi camino interesantes experiencias intelectuales y vivenciales, y a estas personas con las que he compartido inquietudes y buenos momentos, algunos totalmente rebajianos (porque así como se puede ser borgeano, también debería incluirse en el diccionario el término rebajiano, sobre cuya definición podrán reflexionar los lectores después de leer este monográfico). Estas personas son “las flores escogidas que forman esta guirnalda”, “lo único que es mío”, como dice Rebajes de su serie Óvulo, “es la hebra que las une”. Es la primera vez que se publica un documento tan amplio y completo sobre el artista, con material inédito e información documental hasta ahora desconocida, y es gracias a ellos.

Espero que os guste y acabéis infectados hasta la médula.
“Sólo quien ve lo invisible, consigue lo imposible” F.R.

 

Mónica López, Historiadora del Arte. Vocal del Ateneo de Málaga
Gestora del Espacio Frank Rebajes.

1/ Enrique Castaños Alés (Diario Sur, 20/08/1989).
2/ Muchas de las frases que pongo en boca de Frank Rebajes son citas de otros autores que él utiliza en su Cuaderno Óvulo para manifestar su pensamiento (Borges, Hofstadter, Montaigne y otros).

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