Quebdani

Quebdani

Antonio Abad

Envio gratis incluido en el precio del libro


Antonio Abad nace en Melilla, pasando gran parte de su infancia en Marruecos. Las vivencias de esos años se reflejan en sus obras, tanto narrativas como poéticas. En su ciudad natal estudió Magisterio y Filosofía y Letras en la Universidad de Granada. Miembro del extinguido Colectivo Palmo de Málaga, de profunda trascendencia cultural en dicha ciudad como movimiento artístico de las últimas vanguardias, realiza una intensa labor como crítico de arte. Ha dirigido las revistas PuertaNueva y Ateneo del Nuevo Siglo. Autor de varios libros de poesía, cuentos y ensayos, algunas de sus obras han sido traducidas al inglés y al francés.

Entre los premios obtenidos figuran, el Ciudad de Linares, el Internacional de Poesía Ciudad de Melilla y la Beca a la Creación Literaria del Ministerio de Cultura.

Ha publicado las siguientes novelas: Quebdani. El cerco de la estirpe, Ediciones 29, Barcelona, 1997; La Mudanza, Ediciones 29, Barcelona, 1997;  Cuando la noche cambia el color de las cosas, Ed. Port-Royal, Granada, 2009; Lucía o la inasible sustancia del tiempo, Ed. El Toro Celeste, Málaga, 2014; El Vuelo de la Salamandra, Ed. El Toro Celeste, Málaga, 2015.

Sinopsis.

Quebdani, una pequeña localidad situada en el corazón del Rif, es también la crónica de una venganza. Su protagonista, un cabileño de la tribu de los Beni Urriaguel, la misma a la que pertenecía Abd-el-Krim, llega a un molino propiedad de los Dávila siendo un niño, y allí es abandonado por su madre como se abandona una larva en el corazón de una fruta. 

Son los años posteriores al desastre de Annual. El Protectorado español se había afianzado en toda la zona norte de Marruecos, pero frente a esa paz impuesta por el colonialismo el espíritu independentista de los rifeños permanecía inalterable.

Los Dávila no aceptan la cultura ni la lengua de una tierra que no les pertenece y sin embargo se resisten a abandonarla. 

El infortunio, el rencor, los movimientos insurgentes y, sobre todo, una trama soterrada entre las sombras del molino hará que caiga sobre ellos todo tipo de desgracias.

La historia de desamor que se desarrolla en la novela, representa una metáfora del desencuentro de dos culturas, la árabe y la occidental, tan puesta de manifiesto en nuestros días.

 

EL RENEGADO EN QUEBDANI. EL CERCO DE LA ESTIRPE,

DE ANTONIO ABAD

Mohamed Abrighach

Universidad Ibn Zohr

Agadir-Marruecos

m.abrighach@uiz.ac.ma

 

Preliminares

A imagen y semejanza del motivo del cautivo, el del renegado goza de una larga y continua presencia en la república de las letras españolas. La milenaria pugna en el Mare Nostrum entre Islam y Cristiandad creó no solo una tradición, sino casi un género, el fronterizo mediterráneo, según argumenta con razón Steven Hutchinson (2016). El arraigo del topoi en cuestión es indiciario de que, aunque no pocos de los factores históricos que lo originaban como la piratería, el corso y la fuerte conflictividad hispano-musulmana ya perdieron influjo y peligrosidad, siguió ocupando algún lugar en la literatura no solamente en siglos posteriores al setecientos sino en el XIX e incluso en la actualidad, precisamente, en espacios hispano-marroquíes tan híbridos y hacedores de trasvases interculturales como son el Marruecos colonial del Protectorado y los actuales enclaves de España en el Norte de África.

Abstracción hecha de muchas de las historias de renegados que se recogen en textos imaginarios y testimoniales ya analizados con tino con Manuela Marín desde 1860 hasta 1956 (2015: 523-690), la narrativa actual escrita sobre el Rif y Melilla ofrece no escasos ecos de ello. Autores como Gil Ruiz (1992), Miranda (1998) y Santiago (2010) los recogen en algunos de sus relatos pero es Abad, a mi propio dictamen, el que aborda el fenómeno en cuestión con originalidad y renovación en una de las mejores ficciones norteafricanas actuales escritas sobre el Rif y Marruecos: Quebdani. El cerco de la estirpe (1996) o Quebdani (2018) a secas, en su segunda edición. Novela de novelas en la que nuestro escritor intenta, aparte de recoger a la par una experiencia familiar de naturaleza autobiográfica y una realidad histórica que, aunque residual, se dio en el entorno rifeño-melillense, efectuar una nueva lectura política y desmitificadora de las relaciones hispano-marroquíes y del sistema colonial del protectorado, conjugando con magistral maestría vida, imaginación, historia y ideología.

 

Entre historia y autobiografía

Quebdani recoge la historia de Manol/Hassan, el hijo de los Dávila, que se convirtió al islam por amor a la cabileña Yamina y en rebeldía contra el ideario más africanista y anti-moro de su familia. Su odisea en lares marroquíes constituye un paradigma de otras experiencias vitales que fueron experimentadas por sus protagonistas tanto en el mismo Rif como en algunas ciudades imperiales cual Marrakech, Fez, Salé, Rabat y Tetuán. Por ceñirme al contexto rifeño, no pocos historiadores testimonian, pruebas en la mano, que el Rif acogió a una im­portante comunidad de renegados tal vez por su cercanía a los importantes presidios españoles como Melilla, Peñón de Vélez, islas Chafarinas y Alhucemas. Se dieron ejemplos de españoles que tuvieron arraigo real en la zona hasta convertirse en santones e incluso en jefes de cabilas, a imagen y semejanza de muchos de sus correligionarios que llegaron a ejercer importantes puestos de responsabilidad en las cortes imperiales del Majzén (Marín, 2016: 580-600). Con más probabilidad, el Rif y los rifeños tendrían en sus venas una herencia genética ibérica y una no lejana descen­dencia allende del mar. Otro tanto, podría decirse, por supuesto, de los musulmanes que vivieron en tierra de la cristiandad y se convirtieron a la fe de Cristo, flujo y reflujo en las relaciones humanas e interreligiosas, naturales en el Mediterráneo, por esencia, múltiple y plural.

A buen seguro, el motivo del renegado que recoge Abad reviste un viso histórico al reflejar hechos reales ocurridos antaño y hogaño en la zona. Sin ir más lejos, el programa televisivo de Juan Goytisolo Al Quibla (1993) habla en un reportaje titulado “la otra orilla” de dos casos de españoles, una mujer y un hombre, que se vieron atrapados por diversas circunstancias en el Rif en vísperas de la independencia de Marruecos, cuya adaptación en clave de modus vivendi al entorno fue total, pero albergando la voluntad de volver a “cruzar la aduana”, como afirma la fémina al final de su charla, un deseo natural y humano de volver al reencuentro con el locus mater, pero sin renegar del pasado, otro claro índice de este ir y venir recíproco y continuo entre norte y sur.

La historia de Hassan/Manol tiene también connotación autobiográfica. Una vez publicado mi ensayo crítico sobre Antonio Abad (Abrighach: 2017), me contactó un oriundo de Quebdani, el pueblo en que se ambienta la novela, llamado Mostafa El Ghadiri, preclaro conocedor de la geografía y cultura del Rif, para comentarme que el personaje de Hassan existió realmente y vivía con su familia cerca del zoco del pueblo y fue un converso al islam. Hecho que más tarde, para sorpresa mía, me confirmó el mismo Abad en el transcurso de una charla que tuvimos en vísperas de la presentación en el mismo año del mencionado libro mío en Melilla, con la diferencia de que el renegado textual existente en Quebdani es trasunto real de un tío del autor y no de un hermano como pretendía el marroquí. El mismo Abad medió, según confesión suya siempre, ante el consulado español de Nador para agilizar a su tío islamizado conseguir el pasaporte y después invitarle a su casa en Málaga, en un intento de facilitar el reencuentro familiar. Reencuentro que, por desgracia, no pudo hacerse realidad por el rechazo que tuvo de parte de sus allegados peninsulares que no querían saber nada de su “morería” intrafamiliar. En fin, una historia dolorosa pero tan real como verdadera, otro ejemplo más de sutil imbricación entre vida y literatura, pero también de desagradable conflictividad atávica, todavía en acecho por desventura. Una historia familiar que Abad no tardaría en tratar con más detalle en una hipotética novela que, en caso de salir a la luz, sería una revelación, y me atrevo a pronosticar, otra trascendente novela sobre la azarosa relación hispano-marroquí.

 

El renegado como metáfora literaria: ideología anticolonial y perspectiva intercultural

Pese a su vertiente histórico-biográfica, la historia de Hassan/Manol no deja de ser un mero artefacto li­terario, un producto de la imaginación más autosuficiente a cuyo través Abad hace una original reformulación del tópico tomando en consideración la pluralidad transmediterránea en función de la cual tanto el Rif como Melilla se transforman en espacios intersticiales, esto es, en fronteras líquidas y porosas en clave humana y cultural.

Manol no obedece al canon del renegado clásico, un ser for­zado, para salvar su vida, a convertirse al islam y adaptarse a su nuevo ambiente, disimulando su fe cristiana y españolidad en es­pera de oportuna ocasión para volver al origen, al Locus Mater. Manol no tiene voz en la ficción, es tan solo un receptor del relato del marroquí, Aziz, el protagonista y narrador homodiegético de la novela. Aun siendo así, nunca demostró disconformidad con los hechos relatados que no eran nada menos que la historia per­sonal de su familia. Nunca hizo reacciones o meros atisbos de desacuerdo o disgusto, habida cuenta de la gravedad, así como de la tragicidad de lo contado: la muerte de sus dos hermanos, el ase­sinato de su padre, el intento de su madre de acabar con Yamina, etc. El famoso refrán, el silencio es aquiescencia, se hace exten­sivo a Manol sin complicaciones, realidad ésta que se convierte en un índice más que suficiente de la asunción absoluta por parte del converso de su nuevo destino, una nueva morada vital y religiosa en compañía de Yamina y, por supuesto, de la familia del cheij Hamed así como de su cabila. Ningún viso de nostalgia, disimulo cero de su pertenencia, desarraigo casi absoluto e identificación sin fisuras con el islam. Su conversión no fue forzosa, no obedeció a circunstancias de sobrevivencia personal o al menos de fuerza mayor (cédula de captura/detención, condena, etc.), y tampoco se hizo a instancia unilateral. El mismo Aziz que, en teoría, de­bería animarle por la natural tendencia islámica al proselitismo, le previno poniendo en evidencia las diferencias insalvables que existen entre amante y amado, él y Yamina: “nosotros somos de otra raza, de otra religión. ¿Comprendes?, no se puede mezclar el aceite y el agua “(p. 45).

El amor hace sus veces en estas circunstancias de antídoto universal transfronterizo siempre por encima de las fronteras y las diferencias interétnicas. El único encuentro de Manol y Ya­mina, por cierto, hecho de modo furtivo y con la complicidad de Aziz, se describe refiriéndose a la singular pasión sentida por el hijo de los Dávila y lo irracionalmente contento que estaba en su fuero interno, no pudiendo creerse lo que le estaba pasando realmente e incapaz de expresarlo con el lenguaje (p. 44).

Por lo tanto, en Quebdani desaparece la típica y tópica pa­sión misteriosa y bastante ansiada por exotismo u orientalismo por parte de un español con respecto a una mora o viceversa, de una musulmana enamorada locamente del cristiano, que termina abrazando la religión y costumbres europeas por ser superiores en términos morales y de comportamiento humano. El novelis­ta hace constar el hecho amoroso pero sin resaltar su naturaleza romántica porque su prioridad se emplaza en otro ámbito, el pro­piamente político e ideológico que justifica en parte la construc­ción literaria del tópico del renegado que estamos analizando, en línea a grandes rasgos con la tradición anterior de la narrativa antibélica o anti-colonial (Díaz Fernández (1928), Sender (1930), Barea (1951), etc.).

Si bien el componente sentimental agiliza la islamización de Manol, también la impulsa su búsqueda de la libertad que su pro­pia familia le negaba y el correspondiente rechazo de los valores opresivos y excluyentes que esta última representaba al oponerse sin fisuras a su relación con Yamina y, por extensión, a cuanto estuviera vinculado con los “moros”. Las palabras que siguen, pronunciadas por Aziz, nos resumen el precio pagado por Manol por su conversión concebida por él como liberación, así como los sufrimientos que adoleció a posteriori en su nueva vida:

Lo percibí en el momento justo en que tú acabaste fugándote con Yamina. Te habías convertido al islam en un gesto de arrebato, pues te pasaste lamentándolo cerca de un mes por las infecciones que te produjo una cuchilla de afeitar usada, marca sevillana, cuando te tuvieron que cortar el prepucio y cambiarte el nombre de Manol por Hassan. […] Pero aun llamándote Hassan no estabas suficientemente preparado para esa vida tan dura en los riscos más extremos del Rif, y las fiebres por poco se te llevan por delante. No estabas preparado para huir del ejército español –tú que eras español–, del molino, de tu padre, de los tuyos; te pasaste algunos años huyendo como una mala bestia hasta la independencia del Protectorado que te entregó la libertad que no tenías. (pp. 49-50)

Si, por lo común, los renegados españoles en Marruecos son liberados, bien a título individual alcanzando a escondidas su an­tigua patria y el perdón por la apostasía cometida, bien por sus propios correligionarios, la experiencia de Manol es un contrae­jemplo poco usual, mucho por encima de Gonzalo Ansúrez/El Nasiry, el renegado galdosiano de Aita Tettauen (1905). La liberación corre a cargo de los colonizados al acogerle primero y poner fin después al sistema colonial del Protectorado que tiene su epifanía más fiel en la misma familia de los Dávila. No es por casualidad que Manol arremeta contra el código ético implantado con autoritarismo por los Dávila en el molino con la aquiescencia de los poderes fácticos de entonces, los militares, la iglesia y también los moros-amigos: no hablar la lengua de los autóctonos, evitar cualquier contacto con ellos, guardar las costumbres católicas. Si­tuación que su familia tuvo que admitir tan solo interesadamente porque pensaba que la ayudaba mejor que cualquier marroquí a entenderse con los cabileños (p. 48).

De igual modo, Manol demostró desde el principio ser una excepción, una rara avis en todo Quebdani por su cierta y natu­ral inclinación a apropiarse las señas más identitarias e identifi­cadoras de los cabileños. Por una parte, experimenta un cambio fenotípico en su cuerpo, el color de su pelo así como el de los ojos (p. 42), por otra, hace suyas las costumbres locales como fumar el kif en cachimba y vestirse atuendos típicos como la chilaba, el caftán y el tarbuch (Ibíd.).

Estamos ante las primeras hibridaciones, una física y otra consuetudinaria que encierran, según afirma Aziz, el rifeño, cier­to empeño por parte del español “en transformarte (se) en uno de nosotros” (Ibíd.). Hecho éste que confirman otra vez las mucha­chas lugareñas convirtiendo a Manol en objeto de comidilla: “se reían de ti porque decían que te tintabas el pelo para ser como no­sotros. “Manol se está haciendo moro”, decían en el molino” (Ibíd.).

Otra hibridación afecta a uno de los fundamentos del Movi­miento Nacional, la religión, que la mujer de Tomás Dávila se em­peñaba en observar con rigor y a veces con cierto aire apostólico. La anterior predisposición de Manol a familiarizarse con las cosas marruecas se transmuta en otra consistente en aborrecer, tal vez en remedo de su padre, las manifestaciones de fervor cristiano, ángeles, santones y misas. Se le notaba este rasgo desde que era niño y pasó desapercibido para la familia. Se negaba a poner las ropas especiales que era costumbre tener en fiestas como la de la comunión (p. 47).

Su resistencia fue tan fuerte que, aun cumpliendo con las órdenes de su madre a observar las prácticas cristianas, acabó in­tencionadamente con dar al traste con todo. Tanto la túnica co­lor celeste como las zapatillas de raso “terminaron por ceder a tu mala voluntad de vestirse de aquella manera, pues viniste a dar de bruces – y ahora hasta puedo comprender que lo hiciste intencio­nadamente– en un charco de una lluvia inoportuna de primeros de junio” (pp. 47-48). Estos comportamientos encarrilaban su des­tino espiritual por caminos no católicos porque desde su niñez, según comenta alguna vez su madre, no dejó de hacer alarde de “desinterés por todo lo cristiano” (p. 47).

La metamorfosis múltiple experimentada por Manol prepa­raba la última, la más trascendental a escala tanto individual como familiar, su conversión al islam justo cuando se le quiso mandar a hacer el servicio militar, una excusa inventada por su padre para alejarle de Yamina y castigarle, quitándole “los humos de moro que tiene” (Ibíd.). Estamos ante un cambio real de morada, un pa­sarse al moro, una introducción en otra cultura que la familia de los Dávila estaba aborreciendo por salvaje en conformidad con los valores del sistema colonial que ellos encarnaban. Tal cambio conlleva una metáfora literaria. Es un cuestionamiento real desde dentro, por parte de un colonizador, del sistema colonial, sobre todo, de su hermetismo étnico y de su negación de la alteridad. Asimismo es, por así decir, una declaración anticipada aunque ahora parcialmente moral y acaso cultural de la muerte de la es­tirpe de los Dávila, que completaría Aziz, el rifeño/colonizado, al final de la novela y de modo definitivo incendiando el molino.

Huelga mencionar que si Aziz cuenta a Manol toda la his­toria de su familia que él había abandonado escapándose con Ya­mina, es para poner de manifiesto de que el odio que sintió en su momento hacia el padre de este último, Tomás Dávila en razón de su poder omnímodo e intolerante, es el mismo que le obligó a continuar su tarea hasta el final. Hubo entre Aziz y Manol cier­ta complicidad que el primero tuvo que ocultar a la sazón por razones tácticas e incluso de humanidad. Colaboró “sin ninguna hostilidad ni nada que se le pareciera” (p. 43) para enseñarle pa­labras en tamazight, le facilitó la ropa de los cabileños (tarbuch, caftán y chilaba) para escaparse, terció en sus encuentros amoro­sos con Yamina evitando que ésta fuera asesinada por Gonzalo inducido por su madre. Complicidad que el rifeño sintió cuando le comunicó el hijo islamizado de los Dávila que su fuga se hacía a fin de no cometer una locura matando a su padre, en razón del odio que le tenía, amén de no poder aguantarle. Una confesión que expresa los mismos sentimientos que comparte el rifeño ha­cia Tomás Dávila (p. 45).

Estamos ante la primera contigüidad hispano-marroquí, el colonizado y el colonizador, juntos y a partes iguales luchan contra el código autoritario e intolerante del sistema colonial en­carnado en la figura de Tomas Dávila. Realidad ésta que no se dio en ninguna de las novelas que se dieron por llamar anti-colo­niales como Imán, El blocao y La ruta, por citar las más represen­tativas del género. Un aspecto relevante que caracteriza a la figura del renegado en Quebdani es que se nos da escasa información sobre su vida post-conversión: su relación con Yamina, la familia de Muley Hamed, su modus vivendi social y laboral etc. Se suspende así exabrupto, sin intención de ofrecer más pistas como si el narrador tuviese premeditado envolver esta faceta en la sombra y dejarla así en el olvido, tal vez porque no le importaban las motivaciones religiosas y su finalidad se vio como realizada ya al cumplir, aunque metafóricamente, su rol antico­lonial.

 

A modo de epílogo

En una de las pocas reseñas que se hicieron de Quebdani tras su publicación, Ángel Basanta piensa que “lejos de suge­rir cualquier esperanza de entendimiento entre las dos razas y culturas” (1997: 13), la novela indica que “dicha convivencia en aquel territorio pasa, de momento, por una conversión de una de las dos partes” (1997: 13). Esta opinión tiene parte de razón, pero se debe mitigar su contundencia. Hay en Quebdani otro dato significativo. El narrador rifeño se dirige al renegado, ya en situación de libre, después de darse por acabado el Protectora­do, no como Hassan, su nuevo nombre después de islamizarse, sino como Manol, muy español. Una supuesta relativización de su cambio de morada en el sentido, que pensamos que es posi­tivo, de acusar su doble pertenencia, su naturaleza intercultural y fronteriza. Las conversiones cuando se hacen sin coacción y li­bremente no pueden por lógica hacer tabula rasa de la religión y cultura anteriores; guardan siempre y en proporciones desiguales algo del pasado por ser el antiguo Locus Mater, afianzando aún más el bastardeo. Una parte de esta realidad la tiene el renegado que es, en definitiva, una metáfora de la frontera líquida y porosa de una mediterraneidad que resiste el monolitismo y la exclusión comulgando con la bicefalia, el trasvase simbiótico entre ambas orillas.

 

Bibliografía

Abad, Antonio (1997). Quebdani. El cerco de la estirpe. Barcelona/Melilla: Ediciones 29/Ciudad Autónoma de Melilla. (Quebdani. Málaga: Etc Libros, 2018. 2ª edición).

Abrighach, Mohamed (2017). Entre el Rif y Melilla. Nuevos espacios fronterizos en la narrativa magrebí de Antonio Abad. Melilla: Ciudad Autónoma de Melilla.

Barea, Arturo (1951). La forja de un rebelde. La ruta. Buenos Aires: Losada.

Basanta, Ángel (1998). “Novela. Quebdani. El cerco de la estirpe de Antonio Abad”. ABC Literario, 16 de enero de 1998. 13.

Díaz Fernández, José (1928). El blocao. Novela de guerra marroquí. Madrid: Historia Nueva.

Gil Ruiz, Severiano (1992). El cañón de Gurugú. Melilla: Ciudad Autónoma de Melilla.

Hutchinson, Steven (2016). “Literatura fronteriza mediterránea rasgos de un género literario”, Antes se agotan la la mano y la pluma que su historia=Magis déficit manus et calamus quam eius historia. Homenaje a Carlos Alvar. Coord. De Constance Carta, Sarah Finci y Dora Mancheva. Vol. 2. Cilengua, Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española, pp. 1431-1450.

Marín, Manuela (2015). Testigos coloniales: españoles en Marruecos (1860-1956). Barcelona: Bellaterra.

Miranda, Juan Antonio (1998). Ulad Mlillia. Melilla: Ciudad Autónoma de Melilla.

Pérez Galdós, Benito (1905). Episodios nacionales. Aita Tettauen. Madrid: Est. Tip. De la Viuda e Hijos Tello.

Santiago, Carlos (2010). La kábila de Tzen. Melilla/Ceuta: Ciudad Autónoma de Melilla y UNED/Archivo General de Ceuta.

Sender, Ramón J. (1930). Imán. Madrid: Cenit.

ISBN: 978-84-948092-1-7
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Peso 0.400 kg
Dimensiones 14.5 x 0.2 x 21.5 cm
Tipo

Descargable, Papel