Mirar el mundo

Rosa Romojaro

Reúno en esta antología una muestra amplia de poemas publicados en cuadernos y libros desde los años ochenta, que van marcando una trayectoria de mi poesía, tanto en el estilo, tonos y formas, como en la intención, incluso en la temática. Una temática especialmente amorosa en los primeros textos, que se recubre de un lenguaje barroco, alegórico y simbolista, que parte de lo interior, de lo subjetivo, hasta un intento, poco a poco, de objetividad, de distancia, de despojamiento, de mirada hacia lo externo, hacia las cosas, atenta siempre, no obstante, a la emoción y la pasión que éstas producen. Este desarrollo es apreciable desde Secreta escala (1983) hasta Zona de varada (2001), tras este libro, observo otros nuevos cambios en mi poética, como es la instauración de la primera persona como voz recurrente, encubierta también generalmente en poemas anteriores, mediante la tercera persona o el impersonal, e incluso a través de personajes concretos (el desconocido, el extranjero, el caminante…) , y la atenuación de una figuración semántica para dar paso a una figuración de índole más sintáctica. Todo esto es posible observarlo en esta antología. Recojo en ella de forma independiente los cuadernos publicados antes de Agua de luna (1986), que, luego, incluí en este libro, en el que también acogí algunos poemas publicados con anterioridad en colecciones individuales o colectivas: “A lecturas de Ovidio infiernos particulares” (en A Picasso, Málaga El Guadalhorce, 1981), y los publicados también en Málaga en meses previos a Agua de luna: “Souvenir 1920”, los haikus de “Cámara lenta” y los poemas I y VI de la serie “Adverbios”( Colegio de Arquitectos, Catálogo El San Sebastián y Centro Cultural de la Generación del 27, respectivamente). En cuanto a La ciudad fronteriza, Ángel Caffarena editó en Nuevos Cuadernos de María Cristina, un adelanto del libro completo, que se publicaría en Granada un año más tarde, de aquí las dos fechas, 1987 y 1988, registradas junto al título. Por otra parte, cuando en la antología he suprimido poemas que pertenecían a series concretas, he numerado entre corchetes los poemas seleccionados ahora siguiendo el orden que mantenían. Así, “Rito” [6] cerrará la serie “Desde los miradores”, más amplia y sin numerar en Agua de luna. (De dos versos de este poema surgen el título de este libro y el de la serie “Papel japonés”, con la que finaliza.) En cuanto a las citas que presidían tanto libros, como series o poemas, he procurado mantenerlas, dada la importancia que para mí tienen como guías de lectura o como voces con las que mis poemas dialogan.
R.R
Junio 2014

 

 

PROFESORES Y POETAS (V): UNA TRAYECTORIA SINGULAR
(Mirar el mundo. Antología poética, de Rosa Romojaro)

La valiente y dinámica editorial malagueña El Toro Celeste (codirigida por  Rafael Ballesteros y Juan Ceyles Domínguez) acaba de ampliar su línea de poesía con la edición de Mirar el mundo, una completa antología de la obra publicada hasta el momento por la poeta, y también profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UMA, Rosa Romojaro.

En este cuidado volumen se reúne una amplia selección de textos representativos de los ocho poemarios publicados por la escritora a través de casi treinta años de ejercicio literario: Secreta escala (1983), Funambulares mar (1985), Agua de luna (1986), La ciudad fronteriza (1987-1988), Poemas sobre escribir un poema y otro poema (1999), Zona de varada (2001), Poemas de Teresa Hassler (Fragmentos y ceniza) (2006) y Cuando los pájaros (2010).

Las antologías personales suelen prestar un servicio inestimable al lector interesado por lo que suponen de acercamiento no solo al conjunto de una obra determinada, sino también a la evolución de la poética de su autor. Y la trayectoria poética de Rosa Romojaro resulta especialmente atractiva y singular.

Si sus primeros libros se caracterizaban por una inclinación especial por la temática amorosa y la riqueza lingüística propia del barroco clásico español (más cerca de Góngora que de Quevedo),  poco a poco, y sutilmente, la poeta va a ir puliendo esa exuberancia y despojando al verso de todo lo que pueda resultar accesorio, de esa manera se acerca a la esencialidad expresiva propia del último Juan Ramón, de casi toda la obra guilleniana o de la corriente que más tarde se conocería como poética del silencio. Paradójicamente, su obra acaba enriqueciéndose gracias al uso de recursos muy medidos (porque a veces desnudarse es ir más allá) y a la delicada emotividad que le proporciona la recuperación del “yo poético”. Una muy personal evolución que tiene su correlato en el enriquecimiento léxico propiciado por los poetas novísimos y que desembocaría más tarde, ya en la década de los 80, en la corriente esteticista cultivada por poetas como Ana Rossetti o en el entonces consolidado minimalismo poético. Como ejemplo de la trayectoria seguida por nuestra poeta puede servirnos la distancia que media entre algunos versos de su primer libro “ya enjalbega su vista el frío de la plata / y argenta los aceros yacientes a su giro” y este sutil y brevísimo poema de Agua de luna: “Bajo los sauces / verano leve / al paso de la tarde”.

Pero esta evolución va más allá del lenguaje y de los recursos utilizados; Rosa Romojaro, que empezó contrarrestando la subjetividad propia de la temática amorosa con la ocultación del yo poético tras la segunda o tercera persona (quizás en un intento de salvaguardar ese “pudor poético” que tan bien define su obra, especialmente en sus  primeros títulos), acaba, finalmente, por dejar que poco a poco vaya aflorando la poética del yo, más emotiva. Si el poemario Agua de luna funciona como cierre de etapa, será a partir de La ciudad fronteriza cuando el triunfo de la subjetividad hace que vaya tomando protagonismo, aunque siempre en poemas muy nebulosos y medidos, el inequívoco “yo poético” (“No entendiste // mi lengua aquella noche. La conjura”), hasta llegar a los Poemas de Teresa Hassler, donde primera y segunda persona terminan por fundirse (“Ahora estoy aquí, contigo en la memoria / para que reescribamos tu presente. / Para que yo reescriba mi pasado  / contigo en la memoria. Conmigo en mi memoria. / Tu presente. El pasado. / Ese común error”). Sin embargo, y nueva paradoja, la subjetividad de ahora no hace que su poética sea más íntima sino que, al contrario, el yo poético sale de sí mismo, amplía su foco de atención y nos ofrece su manera singular de “mirar el mundo” exterior (significativo título de esta recopilación antológica). Una mirada, muchas veces cercana a la contemplación, que no se conforma con mostrar poéticamente lo que ve, sino que es capaz de crear en el blanco de la página todo un mundo personal a partir de la reflexión y la delicadeza tonal del lenguaje (lo que, en esencia, es la tarea obligada de todo artista): “Estaba allí, es cierto, y lo que intenta / copiar con las palabras existía: / un pedazo de cielo –azul cuando el levante / abolía las nubes–, el caminar del sol / hacia el poniente o el zarpazo de sombra / que la noche ponía ante sus ojos. / Estaba allí, sin duda. Y está escrito.

La poesía de Rosa Romojaro, además, ha corrido en paralelo a la mayoría de las corrientes poéticas coetáneas, a las que ha aportado su personalísima mirada y esa tonalidad de voz que la hace reconocible: la delicadeza expresiva y el exquisito cuidado en el uso del lenguaje. Un sugestivo trayecto poético que recorre las reflexiones metapoéticas propias de los novísimos, se detiene en el esteticismo, el silencio, y la invocación al recuerdo y la memoria de la década de los 80 (enriquecida por la actualización de la poesía arábigo-andaluza y de otras poéticas orientales), y se acerca incluso al compromiso humano (y social) presente en muchas de las poéticas del nuevo siglo: “El mal recorre el mundo. No hay lugar / para el bien. No lo hay. Al menos, no lo he visto. / Aquí, / entre estos cuatro estantes, / flanqueada por los libros, / miro hacia atrás. Y estuvo.

Mención especial merece su último poemario, Cuando los pájaros, que recibió en 2010 el Premio Antonio Machado en Baeza y luego el Premio Andalucía de la Crítica, un libro en el que aparecen, ya aquilatadas, todas aquellas conquistas e intereses de sus obras anteriores: la esencialidad expresiva, la preocupación por el paso del tiempo, la mirada reflexiva, el misterio del amor, la perplejidad ante la propia existencia, el dolor ajeno y su irracionalidad…, pero también la conciencia de que el poeta es capaz de crear otra realidad a través de la palabra: “La página del libro. Si te alejas de ella / y la sigues mirando fijamente, / recorrerás sus calles con los ojos, / sus plazas, sus rotondas, / las amplias avenidas de los puntos y aparte. // Es como una ciudad / la página.”

Antonio Aguilar. Catedrático de Lengua Castellana y Literatura, Doctor en Filología Hispánica y Profesor Colaborador Honorario de la Universidad de Málaga. Dramaturgo y poeta… Y la persona que nos descubre poetas y poemas que puedes encontrar en la Biblioteca. Esta semana, la personal poesía de  Rosa Romojaro. De no perdérsela

Publicado Yesterday por Bibliouma

ISBN: 978-84-942991-6-2
COLECCION:

Clear selection

Reseñas

Additional Information

Dimensiones N/D
Tipo

Descargable, Papel

Reseñas

Valoraciones

No hay valoraciones aún.

Be the first to review “Mirar el mundo”