Piedra de toque: Paula Schwartz por Peri Shaw.

[Frente a una mesa llena de fotografías]
Málaga, 23-11-2016

“Pauline mandaba. Frank se sentía guiado por ella. Siempre consultaba su opinión y era la que se seguía. Frank contaba que a lo largo de su vida había experimentado que Pauline siempre llevaba razón. Era una mujer muy inteligente y creativa. Además, sabía hasta dónde podía tensar la situación con él. A veces estábamos en su casa, y ella pasaba o estaba leyendo por ahí cerca, y él la miraba y me decía “yo no sabría vivir sin Pauline” o “qué sería de mí sin Pauline”. EUGENIO CHICANO.

PAULINE SCHWARTZ (1911, Nueva York –1989, Málaga).
A Peri Shaw, la sobrina nieta de Pauline, se le llena el rostro con una enorme sonrisa cuando le preguntas si Pauline y Frank eran felices: “yes” pronuncia rotundamente, “they were happy, really happy”, insiste convencida. Me muestra en blanco y negro y en color sus recuerdos con sus tíos, también me los ha contado, y sí, son recuerdos felices. “Paula y Frank se conocieron en una fiesta en Greenwich Village; fue un flechazo. Se casaron al poco tiempo, en 1932, en contra del deseo de los padres de Pauline, Samuel Schwartz y Sophie Solomon, que conocieron a un Rebajes inmigrante, pobre y sin recursos, y que no era judío. Según cuenta Rebajes, pasaron la noche de luna de miel en la línea de metro de Coney Island, y se quedaron a vivir inicialmente en el sótano de un amigo peruano. Paula, o Pauline, fue quien le empujó a realizar sus primeras piezas de artesanía con los restos de cobre que encontró en el sótano (lo primero que hizo fue un caballo). Fue su inseparable compañera en esos tiempos difíciles, en los que incluso llegaron a comer de los restos que sobraban en los platos de los clientes en los bares y a dormir sobre periódicos en el maltrecho pasillo que inicialmente les sirvió de tienda y casa. Fue ella quien le dirigió hasta llevarlo al éxito que les procuró la época de bonanza, de absoluta riqueza. El negocio de joyería lo gestionaban entre los dos. Paula, además, trabajó en las tiendas como dependienta y encargada, decidía sobre los diseños e intervenía en ellos, tanto en Nueva York como en Torremolinos. También tomó parte en la investigación sobre la obra Óvulo. 

Frank habla de un viaje que hicieron juntos por los Estados Unidos para distribuir y dar a conocer su mercancía. Habla también de viajes al Caribe, a Chile, a Cuba, a África del Norte y Europa. Eran inseparables. Ella conducía, él nunca aprendió. Pauline enfermó de alzhéimer y a los pocos años murió. Frank no tuvo tiempo de superar su muerte”.

Pauline y Frank en Torremolinos. Década de los 80. Archivo Peri Shaw.

Piedra de toque
MÓNICA LÓPEZ

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